Fue vestida de
De
"El
Ella vestida de novia y él con camiseta
"No estoy de humor para hacer una fiesta. Vamos a tomar un café y a dar las gracias a los que me han apoyado", explicó
Asumo la dignidad del silencio.
Al azar de las miradas
Fue vestida de
De
"El
Ella vestida de novia y él con camiseta
"No estoy de humor para hacer una fiesta. Vamos a tomar un café y a dar las gracias a los que me han apoyado", explicó
Asumo la dignidad del silencio.

Marc Fa
En
“El Go
- Si gastamos ese dinero en el supermercado Wall-Mart, ese dinero va para China
- Si lo gastamos en gasolina, va para los ára
- Si compramos ordenadores, va para India .
- Si compramos frutas y vegetales, irá para México, Honduras o Guatemala.
- Si compramos un
- Si compramos tonterías, irá para Taiwan.
Ningún centavo de este dinero ayudará a nuestra economía.
El único modo de mantener ese dinero en América es gastarlo en putas y cerveza, considerando que son los únicos
Más allá de la ironía, los consultores de la economía planetaria han dicho: “es uno de los más lúcidos comentarios so
A los argentinos les pasa algo parecido, con la diferencia de que en Argentina, si toman cerveza, el dinero se va para Brasil. Sólo les queda una opción: las putas; no parece tan mala idea: tienen la dentadura y las uñas cuidadas, según los programas de televisión.
A los españoles les va peor; el 90 % de las putas, en España, son colom

Una científica
La doctora Brooke Magnanti, de 34 años, confesó este fin de semana al diario Sunday Times que fue ella quien,
Magnanti detalló estos encuentros durante los años 2003 y 2004 en un
La revelación puso fin a seis años de especulaciones so
La señora Magnanti tra
"Es una investigadora, es sólo un miem
En su
Afirma que se siente "mejor" por "no tener que mentir y ocultar cosas a la gente que me importa".
Las siguientes son antigüedades: “sexo por dinero”, “el oficio más antiguo del mundo”, “todas lo son”, “reputa con mi marido”, “prostituta con li
Prefiero detenerme en ese momento de soledad, como el eterno girar de los cuerpos celestes en el infinito espacio, en que
Tam
Por último, el relato ha
Scotland Yard planea reclutar a policías gays para proteger a
Scotland Yard lanzó el operativo de reclutamiento luego de ser informado que el cuerpo de guardaespaldas de Isabel II no cuenta con suficientes policías gays, bisexuales y travestis.
El programa de reclutamiento fue lanzado por el grupo SO14 de Scotland Yard, conocido como la Unidad de Protección Real. Los 30 policías reclutados "deberán ofrecer protección a miembros de la Realeza desde todo tipo de puestos y patrullas móviles".
Los candidatos exitosos deberán trabajar en palacios en Londres o en el Castillo de Windsor y también tendrán que realizar tareas en Escocia, y se "dará la bienvenida" a postulantes "homosexuales, lesbianas, bisexuales y travestis, como también a minorías étnicas", ya que estos "están mal representados dentro del SO14".
Según la gramática cristiniana: “el monarco” y “la monarca” como se dice “el estudiante” y “la estudianta”. ¡Esto es cultura, carajo!

La conserje ingresó al amplio, confortable y vidriado vestíbulo del hotel y con gestos mecánicos fue ordenando revistas, alfombras y muebles que encontraba a su paso.
Su cuerpo joven y su pelo recién lavado invadieron la totalidad del alfombrado ambiente.
Antes de que llegara al mostrador sonó el timbre de la central telefónica.
- "Bueno, ya se lo envío", contestó mientras guardaba su mochila en un placard.
Cuando se quitaba la campera de gamuza, sonó nuevamente el teléfono. Escuchó con atención y dijo:
- "¿Puede ser la 24?; sí, como no" y se ajustó el cierre de su vaquero.
Leyó en el libro de registros: “Reserva: habitación 62. Nombre: Claudio García”.
Acomodó algunos sillones del palier; protestó en voz alta por los ceniceros sucios: “el del otro turno se vive borrando” y encendió el televisor en un canal de noticias.
A las tres horas, traspasó la puerta del hotel una mujer de unos 40 años, gorda, pelo rojizo y de presencia altanera; unos pasos atrás un hombre de unos 30 años, flaco, con largos pelos que escondían su rostro.
La mujer se acercó al mostrador y le dijo a Daniela, la conserje:
- "La reserva a nombre de Claudio García."
- “¿Es para un...?”
- “…habitación para dos”, afirmó con tono inequívoco la recién llegada.
- “Bueno, entonces la 33. ¿Cuántos días se quedarán?”
- “No sabemos aún.”
Daniela los acompañó hasta la habitación.
A la noche, la mujer bajó sola; se puso a mirar televisión y le hizo a la conserje algunas preguntas triviales acerca del tiempo y lugares para conocer en la ciudad.
Daniela contestó escuetamente; no había amabilidad en el diálogo, tampoco hostilidad.
Al día siguiente, Daniela observó en la planilla los pedidos de la habitación 33: comida y alguna bebida.
Por la noche, se repitió la secuencia, sólo la mujer bajó.
Estaba con cara de pocos amigos pero hacia la conserje se dirigió con cierta cordialidad y la invitó a tomar una cerveza con ella.
Cuando Daniela se sentó, le dijo:
- "No me coge."
Sorprendidísima, la joven respondió:
- "…bueno." La rubia insistió:
- “¡Es que no me coge!”
El timbre del teléfono le permitió a Daniela salir de la situación y volver al mostrador.
La cuarentona terminó la cerveza y se fue a su habitación.
A la tercera noche, se volvió a repetir el ritual: la rubia bajó sola; él nunca había bajado pero ahora, entre la conserje y la pasajera se había establecido un corriente de simpatía. Cuando Daniela pasó al lado del mullido sillón que ocupaba la huésped en el generoso vestíbulo, (sin poder contener su curiosidad) con la barbilla le hizo un gesto de interrogación.
- “No me coge”, volvió a repetir como una letanía.
- “¿…lo estimulaste?”, preguntó con rubor la conserje.
- “Sí; pero no me coge.”
No tenía otras palabras.
Al cuarto día, finalmente, bajó de la habitación.
Llegó un auto negro imponente, lujoso, con un moño en el techo. Ella vestida de novia; él (quien miró tímidamente a Daniela) de frac; ambos subieron al auto.
Los padres de una niña menor de 11 años, en el norte de Colombia, acusaron a un sacerdote católico de haberla golpeado porque la niña recibió la hostia y en lugar de “tragarla” se dirigió hasta donde estaban sus hermanos para mostrarles “el cuerpo sagrado”.
En declaraciones a periodistas televisivos locales, Samuel Martínez, el padre de la pequeña, dijo que la situación se presentó en la iglesia "El Santísimo Cristo" de la población de La Loma, en el departamento de Cesar (norte).
"La niña no tragó la hostia, sino que fue a mostrársela a sus hermanos, pero el sacerdote la persiguió, se la arrebató y le metió una cachetada", detalló Martínez, quien lamentó la forma de proceder del sacerdote Ramón Muñoz.
La mamá de la menor indicó que ella, al igual que su hija, fueron “presas de pánico” y ella (la madre) no pudo reaccionar pues el susto por la forma de proceder del sacerdote la paralizó.
Agregó que la niña quedó incapacitada y que actualmente recibe tratamiento psicológico por lo sucedido y no quiere regresar al colegio ni hablar con nadie, excepto con su bisabuela.
Los padres de la menor pusieron el caso en manos de las autoridades judiciales y periodistas locales indicaron que, aunque lo buscaron, no fue posible ubicar al sacerdote católico.

La periodista fue condenada a pagar una multa de
Los periodistas no tuvieron acceso a la sala de audiencia.
"No voy a pagar la multa, prefiero ir a la cárcel", dijo la periodista en declaraciones telefónicas. Sus abogados declararon que tratarán de convencerla para que pague.
Lubna Ahmed al Hussein fue detenida a principios de julio por policías cuando se encontraba en un restaurante vestida con pantalón y blusa.
Diez mujeres, detenidas al mismo tiempo que ella, fueron condenadas y recibieron diez latigazos.
Lubna Ahmed al Hussein hubiera podido sufrir el mismo castigo o más, ya que la norma legal establece un máximo de cuarenta latigazos, pero contestó los cargos y emprendió una campaña pública con el objetivo de abolir la controvertida ley en la que se basan las autoridades para condenarla.
El artículo 152 del código penal sudanés de 1991, que entró en vigencia dos años después del golpe de estado del actual presidente Omar el Bechir, prevé una pena máxima de 40 latigazos para toda persona que "comete un acto indecente, un acto que viola la moralidad pública o que utiliza vestimentas indecentes".
Sólo múltiplos de 10 como en los cajeros automáticos: 10 ó 40. ¿Cuántos le hubiera aplicado mi amigo Horacio con quien hace tantos años no estrechamos las manos?