sábado, 24 de julio de 2010

Monumento al 4 a 0



Por Alejandro Castañeda


De a poco, mientras el país hace como puede su duelo mundialista, la realidad se encarga de pasar en limpio la carga de cábalas, pronósticos, alardes y promesas. Los números subrayan con crudeza el fiasco de una Selección que, ante el primer escollo en serio, acabó claudicando de manera estrepitosa.

Maradona esta vez al menos nos perdonó sus bochornosos desplantes y se fue abatido y cabizbajo sin fuerza ni para enojarse. Fue su mayor tributo. Las piñas alemanas lo dejaron, como a nosotros, sin reacción. Su equipo, ese Rolls Royce al que Diego le iba a sacar la tierra, se despidió dando pena. Él no advirtió lo que hasta el pulpo adivinador ya había anticipado: que esta confusa selección, sin conductor ni estrategia, no iba a poder con los germanos. Pero no hubo autocrítica. Diego no dio ninguna explicación sobre su falta de planificación ni sobre su cambiante formación. La admisión de responsabilidad no entra en su manual. Su imagen al borde de la cancha fue desoladora: mientras el equipo se hundía, el capitán de ese barco a la deriva miraba absorto el festín alemán, sin entender nada, sin meter un cambio, sin dar alguna indicación, dejando que el tiempo pasara y mirando al cielo para que otros goles no elevaran la debacle a la altura de un papelón.

Fue tan categórica la superioridad alemana, que Diego se acabó plegando al clima de resignación y tristeza que alcanzó a la hinchada. No nos dieron ánimo ni para soñar con un milagro. Fue tan enorme y concluyente la diferencia entre uno y otro, que casi todos vivimos el final no sólo como una dolorosa derrota, sino también como un melancólico alivio.

Cierre demoledor para un ciclo signado por el desorden, los exabruptos, los caprichos y las goleadas (en contra). Telón lastimoso para un aprendiz de técnico al que la AFA le prestó un seleccionado para que vaya adquiriendo fogueo y que sólo devolvió sufrimiento en las eliminatorias y desilusión en el Mundial.

Nada sirvió ante el dominio absoluto de una Alemania que esa tarde, gracias a la falta de planteo, jugó un partido perfecto ante un rival que terminó aceptando esa superioridad como una fatalidad imposible de revertir. Hacía mucho que la Selección no era tan apabullada en un Mundial. Maradona ya tenía el récord de los seis goles bolivianos, pero estos cuatro dolieron más. De nada sirvió la ayuda de Ruggeri, el saludo cabulero al nieto, los permisos de sexo y dulce de leche, las coincidencias con el Mundial del 86 y la invocación a la tradicional buena suerte del Diego. No hubo video motivador ni planificación ni arrestos individuales salvadores. Diego desaprovechó un plantel de reconocida riqueza. No sólo desperdició jugadores que son estrellas en España, el gran del fútbol del momento; tampoco pudo recurrir a la fama milagrera de Palermo ni aprovechó el vestuario de Garcé ni nos entregó algo del prometido pellejo de sus 23 fieras. La imagen de Maradona, dirigiendo una práctica con un habano en la boca, es la postal irritante y altanera de un país que siempre quiere sobrar y al que tanto le falta.

Lo llamativo es la veneración que puede despertar una derrota. Después del humillante 4-0, después de tantos sueños rotos, en lugar de buscar respuestas se eligió el camino de los homenajes excesivos y la oportunista idealización: el mandamás de la AFA dijo sin inmutarse que Maradona es el único habitante que puede hacer lo que quiere; la Casa Rosada lo va a felicitar y le va a pedir que siga (¿haciendo qué?); gran parte del periodismo, esos que se la siguen..., aceptarán de mala gana que continúe; muchos políticos fantasean con su nombre para las elecciones del 2011 y un diputado propuso hacerle un monumento tras la goleada. No hay en el mundo un ídolo que genere tantos disparates. Tiemblo de sólo pensar lo que le hubieran ofrecido si ganaba.


(Artículo recuperado del diario EL DÍA de la ciudad de La Plata; edición 11.07.2010)



martes, 13 de julio de 2010

"Planchar es trabajo de mujeres"



Robert Edward Tyrrell Jr., oriundo de Georgia, USA, está preso por secuestro y asalto agravado, explicó el sargento Marc Griffith. "Quería que su madre le planchara la ropa y cuando la mujer dijo que no, entraron en una disputa".

Tyrrell, de 29 años, sacó un arma, amenazó a su madre y para que no pudiera pedir ayuda, le quitó las llaves y el teléfono.

El muchacho no tiene derecho a fianza a pesar de que, finalmente, liberó a su madre. La mujer, luego de ser liberada por su hijo, fue a la comisaría y lo denunció.

Tomada la denuncia, la policía se dirigió a la casa y Robert (el hijo) se entregó sin oponer resistencia.

El joven de Villa Rica, Georgia, tendrá que declarar en la corte, el próximo miércoles. Según declararon fuentes policiales, Tyrrell se defendió diciendo que "planchar es trabajo de mujeres".

Ahora, entiendo: a) el sometimiento de la mujer no pasa por “el velo islámico” ni por vivir en el Medio Oriente; b) porque las mujeres ganan ($) entre el 17 % y el 51 % menos que los varones en la actividad privada, según el país.



miércoles, 7 de julio de 2010

CREATIVO



Por Gladys Lopreto


Dios tomó las arenas del desierto, que volaban como llovizna fina al menor soplo del viento, y con manos expertas y un poco de agua y fuego modeló un cuerpo de singular belleza: no podría haber sido de otro modo, se trataba de la concreción de su propia esencia abstracta. El generoso pecho divino, invisible, sus muslos robustos, también invisibles, sus ojos que lo veían todo pero a los que nadie veía, pudieron ser recorridos con la vista, contemplados, deseados, en cada trayecto de piel, en cada prominencia, en cada hueco del cuerpo de arcilla. Cuando finalmente le sopló la vida, el hombre abrió los ojos y no vio a nadie, pues envuelto ya en túnicas de aire transparente, Dios se alejaba rápido hacia las alturas.

Hasta allí le llegó la melodía de un lamento: sonaba tan dulce como Salicio en la Égloga Primera, a veces grave como Quasimodo: Ognuno sta solo nel suol dela terra, traffito da un rayo di sole…, no importaba en qué lengua —a Dios no lo afectaba la diáspora babélica—, que comprendió que era su estatua viviente, el hombre. Y temió que se disgregara en la arena primigenia, ya que sabía que la expresión lírica es tan bella como insostenible y que despierta la atracción de los abismos. Entonces, como además de escultor y biólogo también en aquella época era maternal, Dios dijo:

—No es bueno que el hombre esté solo.

Allí fue cuando creó la mujer. Para ello no necesitó repetir el procedimiento: ya tenía medio camino hecho, la arcilla preparada, por lo cual no se entretuvo soñando a medida que mezclaba la tierra y el agua y luego la sobaba con energía y la acercaba al fuego, gozando con las llamas juguetonas, como cuando había hecho al hombre sino que, ya se sabe, tomó un pedazo de masa previamente convertida en carne o en hueso vivo. Todo fue más rápido, tal vez debido a las urgencias masculinas, y quizás por eso Dios la quiso menos y hasta le tomó un poco de fastidio a la nueva criatura: los antiguos, aquellos que tuvieron algún encuentro del tercer tipo en esas épocas, así nos lo dan a entender. No estaba bien eso de querer a un hijo más que al otro, pero bueno, de todos modos es comprensible, es humano; además eran sólo sus criaturas, al fin y al cabo ajenas, extrañas, porque los amigos, los verdaderos compañeros de parrandas y aventuras estaban en otro lado; así que los dejó que se miraran el uno a la otra intensamente y decidió bajar el telón ahí mismo. Lo demás ocurriría entre bambalinas. O en cualquier otro lugar. Como alguien lo dijo alguna vez, en el lugar de lo sagrado.

Al tiempo, un nuevo lamento. Era triste, era bello, tal vez algo elemental, no le recordaba a ningún autor conocido. Tenía olor a sangre y a negrura, a cavernas y a salitre. No podría continuar en su placidez divina mientras lo oyera, por lo cual decidió volver al mundo, oculto entre sus mantos invisibles. Y descubrió a la mujer, sola. Él la había inventado para que el varón no estuviera solo, y en cambio era ella quien ahora lo estaba. Vaya a saber por qué: ingratitud, olvido, la guerra, el marketing… Ese no había sido su proyecto, algo le había fallado, algo había escapado a sus previsiones. Entonces se dijo para sí, mascullando, como por decir algo:

—No es bueno que la mujer esté sola.

Pero ya la Biblia estaba escrita y no se le podría agregar un párrafo más o escribir entre líneas —lo cual invalidaría el resto—; además mucha agua había corrido y había mucha gente que sabía muchas cosas, profesionales de todo tipo; era difícil armar una explicación ignorando bibliografía autorizada y prestigiada por la comunidad científica, y tampoco por la vía de los hechos se podía hacer nada; quedaba lejos la época de los panes y los peces, así que decidió regresar, tal vez para siempre, a sus solares. Antes, se hizo visible por un brevísimo instante en que permitió que ella lo conociera, la miró fijo a los ojos y le dijo, cuidando que su entonación no trasuntara ninguna ideología:

—No es mi problema.


[Recuperado de Digital Delirio Diario (http://jm-ddd.blogspot.com/) . Homenaje al amigo JM Zavala, extraviado en los meandros de la vida.]




domingo, 13 de junio de 2010

EXCESO DE MATERIA GRIS



Un exceso de materia gris en el cerebro (las células y conexiones que transportan los mensajes) impide a los adolescentes concentrarse como ocurre en los adultos, según un nuevo estudio.

El cerebro de los jóvenes continúa desarrollándose muchas veces hasta bien entrados los veinte años, es decir que el proceso dura mucho más de lo que se pensaba hasta ahora, indica ese estudio, que se publica en el nuevo número del Journal of Neuscience.

"Muchas veces les resulta difícil a los adolescentes prestar atención en clase sin que vaguen sus mentes", explica la doctora Iroise Dumontheil, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, que ha participado en ese estudio.

"Los jóvenes no tienen, sin embargo, la culpa de no poder concentrarse y de la facilidad con que se distraen. Esto tiene que ver con la estructura de sus cerebros. Los adolescentes no tienen las mismas capacidades mentales que los adultos", señala Dumontheil.

Utilizando escáneres de resonancia magnética, los científicos de ese instituto observaron la actividad de varios adolescentes mientras tratan de resolver un problema haciendo caso omiso de cosas que podían distraerlos.

Los expertos detectaron un nivel inesperado de actividad en el cortex prefrontal, zona de la parte frontal del cerebro involucrada en la toma de decisiones y en tareas de diverso tipo, indicación de que el cerebro funcionaba en ellos menos eficazmente que en los adultos.

"Sabíamos que el cortex prefrontal de los niños funcionaba de modo tan caótico, pero no que ese funcionamiento caótico pudiera continuar hasta bien entrados los veinte y comienzos de los treinta", señala la doctora Sarah-Jayne Blakemore, que dirigió el estudio.

Según esa experta, ello significa que el cerebro sigue haciendo tareas innecesarias al tomar ese tipo de decisiones.

Conforme va envejeciendo, el individuo disminuye la materia gris del cerebro, lo que permite una mayor concentración en las tareas que uno tiene delante.



domingo, 30 de mayo de 2010

PARA SIEMPRE...

“Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones…”

Pablo Neruda


Tal día como hoy, hace 14 años, moría en Lyon, donde había establecido su residencia, Anna Moana Rosa Pozi, más conocida como Moana Pozzi.

Víctima de una dolencia que acabó con ella en cuestión de meses; desaparecía de esta manera a los 33 años, en pleno esplendor de su belleza y también de su carrera profesional, ambas estrechamente emparejadas, igualmente singulares e irrepetibles ambas también.

Nacida en Génova el 27 de Abril de 1961 en el seno de una respetable familia de clase media y muy primorosa y católicamente educada en las buenas costumbres, nada en su vida parecía anticipar que un buen día fuera a iniciar una fulgurante carrera de actriz que muy pronto la convertiría en una popularísima "pornostar".


—Recuerdo mi infancia como un periodo tranquilo y sin problemas —declaraba la actriz—. Mis padres eran afectuosos y atentos a mis necesidades y a las de mi hermana Mima, dos años más joven que yo. Mi madre me ayudaba a corregir mis deberes y se preocupaba de que siempre estuviéramos formales y bien vestidas. Mi padre procuraba aconsejarme buenas lecturas, todos los domingos nos llevaba a misa y luego a comprar la pasta. Entre nosotros había una gran armonía, pero ¡cuidado con hablar de sexo! Era el único tema tabú. Cuando empecé a interesarme por los chicos obviamente la atmósfera cambió, y se volvieron posesivos y severos, aterrorizados de que yo pudiera mantener relaciones sexuales. No me permitían salir por la noche y yo me escapaba por la ventana, me prohibían leer libros picantes (Moravia era considerado obsceno) y yo lo hacía a escondidas, me obligaban a vestirme de colegiala y yo, en cuanto salía de casa, corría a lo de una amiga a ponerme tacones altos. ¡No veía la hora de hacerme mayor y ser finalmente libre!

Sus compañeros de reparto la solían retratar como una mujer interesada y fría, capaz de estar limándose las uñas durante el rodaje de una escena de sexo si el encuadre de la cámara se lo permitía.

También fue perseguida, tanto judicialmente, por cuestiones de escándalo público y obscenidad, como por las feministas, que la acusaban de ser una mujer objeto.

—Las feministas (qué estúpidas) —se defendía— me acusan de ser una mujer objeto porque en mi trabajo de pornostar me presto a todas las fantasías de los hombres (que también pueden ser las de las mujeres). Yo en cambio no me siento usada y me resulta placentero representar el sexo en todas sus formas. Para mi la mujer objeto es el ama de casa que lava, cose, plancha y cocina para la familia, muy a menudo con escasas satisfacciones.

Su público, en cambio, la adoraba incondicionalmente.

Un público amplio y variado, sin duda, entre el que se incluía el polifacético intelectual Umberto Eco, quien recomendaba acudir al espectáculo de la diva si uno/a se sentía en la necesidad de ampliar nociones acerca de la cuestión erótica.

La primera vez que tuve noticia suya fue en una comedia italiana que ponían en alguna tele y de la que su turbadora presencia es la única cosa que recuerdo.

En un momento dado aparecía desnuda frente a la cámara, primero de pie, apoyada contra la pared, y luego en cuclillas, estática y en silencio, mirando indiferente al objetivo en lo que era una prolongada exhibición.

Aquello fue suficiente para que empezara una búsqueda que no era a ciegas, precisamente, pero sí bastante errática, sin siquiera el dato de un nombre; hasta que años después reapareció en un vídeo porno en lo que lo único brillante era su ahora todavía más turbadora presencia.

Estaba claro que mediaban algunos años y muchas cosas entre una y otra aparición, pero allí estaba otra vez y también se podía ver que en el intervalo había crecido.

En cuanto a aquellas películas, estaba claro que en aquellas encerronas la única posibilidad de brillar y destacarse era ser como ella, sencillamente, ya que la masiva y sofocante sordidez ambiental hacía que se esfumara cualquier otra cosa que únicamente fuera conato y no algo con un sentido bien autónomo y firme.

Desde este punto de vista Moana Pozzi destacaba con una luz propia que la sitúa en primera fila dentro del rango de figuras excepcionales de este panorama expresivo, junto a otros personalidades de las que quizás se podrá tratar en otra ocasión, haciendo de ella la diva que sigue siendo.

Dentro de la progresión de su carrera, tampoco faltó una breve incursión en el extrañísimo panorama de la política italiana (!!!), junto a Ilona Staller, más conocida como Cicciolina, y que pasó sin otra pena ni gloria que servir para aumentar aún más su ya bien significativa popularidad.

Y el siguiente paso en esta progresión fue el salto a Estados Unidos, lo que supuso una mejora sustancial de su cotización profesional, sin duda, así como una mejora aparente en la calidad de las producciones en las que intervino.

Una mejora aparente, ya que nada nuevo ni más interesante añadió a su bien establecida significación icónica.

Desde lo que uno conoce, de ese periodo hay un único plano que consigue trascender la característica monotonía industrial del sistema de producción norteamericano, para convertirse en algo revelador; y que tiene todos los visos de ser un "accidente", algo completamente ajeno a las romas condiciones de ese tipo de planificación.

En un momento dado resulta que la cámara sigue en funcionamiento después del rodaje de una escena, de modo que se puede ver a sus participantes, 2 ó 3 hombres y alguna mujer, mientras se recuperan en el set, tumbados y sesteando aquí y allá por los sofás.

Tras una pausa larga, la cámara se mueve hacia abajo, tanteando para ajustar el encuadre, centrándose en la única figura que yace en el suelo y que es también la única que da muestras de estar despierta: Moana, que está recostada y con la cabeza apoyada sobre un brazo como si estuviera a la espera, dispuesta para continuar.

Moana repara en el movimiento y luego de hacer un gesto cómplice con la mirada, dirigido en primera instancia al operario de la cámara, modifica la posición de su pierna para ofrecer un plano más completo de sus muslos y trasero.


Aparte de este hallazgo, aun a pesar de su precariedad técnica y de medios, unida a su inapelable crudeza de planteamientos, sin duda que la parte más significativa de la producción de Moana Pozzi es la que hace en Europa; muy seguramente y también muy precisamente porque tales condiciones hacen que emerja con más claridad lo que de singularmente carismático tenía ésta que no dudaré en calificar de artista, ya que no de actriz.

—Muchos me dicen: "Eres una puta, una prostituta pública". No me importa lo que la gente piense de mí, aunque tampoco veo nada grave en ser una puta.



Lo que parece imposible negarle es que, fiel a su divisa:"Vive como si tuvieras que morir mañana y piensa como si nunca tuvieras que morir", Moana Pozzi se volcó de lleno en conquistar su independencia, que pasaba por ganar mucho dinero.

—Me gusta contemplarlo, tocarlo, gastarlo e ingresarlo en el banco (es de buen genovés ser ahorrador). Es para mí el medio para poder hacer y tener casi todas las cosas que deseo. Sin dinero no me siento tranquila ni feliz.

Para ella pecado eran otras cosas.

—Para mí lo prohibido es: No experimentar todo eso que nos produce curiosidad, tener demasiada confianza en los demás, no saberse dejar llevar por los sentimientos y las pasiones, no mantener el propio cuerpo en buena forma, maltratar los animales y las plantas, dejarse atrapar por la tristeza más de una vez a la semana…

3 eran sus mayores temores: el sufrimiento físico, envejecer y depender afectivamente de alguien.

—Pienso en la vejez con horror y no consigo encontrarle ningún aspecto agradable o constructivo. Las únicas cosas que me trae a la mente son la decadencia física y la muerte.


En cuanto a la muerte:

—Morir no me causa temor, sólo temo el sufrimiento físico. Cuando suceda, deseo ser incinerada, no quiero funerales, lápidas ni fotografías. Mis cenizas habrán de ser esparcidas en el mar.

En el lugar donde fue concebida y del que sus padres tomaron su nombre para bautizarla, Moana, ya que en hawaiano significa "mar abierto", "océano".


Recuperado (sin autorización) de Digital Delirio Diario (http://jm-ddd.blogspot.com/) y subido, originalmente, el 15 de septiembre de 2007. Homenaje al amigo JM Zavala, extraviado en los meandros de la vida.


jueves, 27 de mayo de 2010

Bicentenario



Por Paloma Auriti



La libertad es parte un proceso que no empezó en 1810 ni ha terminado aún.

Reducir la fecha al 25 de mayo nos puede hacer olvidar las acciones realizadas mucho tiempo antes (que permitieron la independencia) y nos puede hacer perder de vista la responsabilidad de lo qué aún no hemos conseguido ni otorgado.

A doscientos años de la gloriosa liberación de España no se han restituido los derechos de los dueños de la tierra ni se han reparado los daños ocasionados.

Los pueblos originarios, ¿podrán festejar alguna vez su bicentenario?

Las instituciones que lideraron las masacres más bárbaras, como intentar despojar al ser humano de sus derechos a las tierras, la identidad, la religión o las ideas ya no son excusa para que sigamos actuando de la misma forma, por acción u omisión. Si en un momento no fuimos culpables, ahora, después de doscientos años, ¿en qué lugar nos pone seguir callando las injusticias?

Sartre dijo que un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Nosotros podemos decir que un país es lo que hace aún con lo que hicieron de él.

Es curioso ver que el origen de la palabra libertad tiene la misma raíz de crecer, desear y amar. Podemos pensar que alguien es libre cuando tiene la libertad de desearse (y consecuentemente conseguir) cosas para sí mismo y para los demás. Esto nos lleva a pensar qué cosas hemos conseguido, qué deseamos y cuánto hacemos por el deseo de todos los argentinos.

¿Podrá haber libertad sin amor, sin crecimiento?

¿Somos libres si quién está a nuestro lado no es oído en sus reclamos?

Festejemos el habernos emancipados de España pero sigamos trabajando para independizarnos de nosotros mismos, de nuestras miserias de nuestros egoísmos, sólo así seremos realmente libres.

Mientras pongamos excusas para no reparar los daños, seguiremos produciéndolos, con el agravante de que ya no estamos a la sombra de las instituciones que lideraron los saqueos y matanzas, sólo estamos a la sombra de nuestras conciencias.

Podemos festejar 200 años de un proceso de independencia, pero ser concientes de las cadenas que nos faltan romper.

Festejemos el valor de quienes iniciaron estos pasos de independencia, hace más de 200 años, no nos durmamos en los laureles, que son tan efímeros como los espejismos y la gloria. Sigamos haciendo patria soberana y libre, de los de afuera y de nuestros egoísmos.

El Bicentenario es la oportunidad histórica para generar el acto de reivindicación de las naciones originarias. ¿Cuándo podrán ellos festejar su bicentenario?



martes, 25 de mayo de 2010

¡CUIDADO!: ADOLESCENTES


Ninguna otra especie tiene adolescentes. ¿Por qué entonces los humanos se pasan alrededor de una década de sufrimiento ocultos bajo sus capuchas? David Bainbridge, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, dice que hay dos pistas importantes. La primera es el momento en que surgió la adolescencia.

La evidencia de crecimiento en los huesos y dientes de los hominidos fosilizados indica que la adolescencia emergió en un período entre los 800 y 300 mil años atrás. Esto, señala, antecede en "un período fascinantemente breve" al gran salto de tamaño del cerebro humano, cuando el cerebro de nuestros antepasados experimentó su última gran expansión hasta alcanzar su tamaño actual.

La segunda pista procede de la neurobiología y el estudio por imágenes del cerebro, que revelan que durante la adolescencia se produce una reorganización general del cerebro.

Para Bainbridge, la adolescencia no es tanto el período en que se concreta la madurez sexual sino aquel en el que se desarrolla una mente capaz de negociar el paisaje psicológico y social que diferencia tanto la vida humana de la del resto de los animales.

"Sin adolescencia nunca nos hubiéramos convertido en humanos plenos", afirma Bainbridge.