martes, 29 de octubre de 2013

40 latigazos por “no” llevar pañuelo

Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com

El delito de Amira fue “no” llevar un pañuelo en la cabeza o, en términos policial-represivo, vestir “indumentaria indecente”. Amira Osman Hamed, activista sudanesa de los derechos de las mujeres, será llevada a juicio el 4 de noviembre. Podría recibir por ese “delito” 40 latigazos.
Amira, de 35 años, fue detenida el 27 de agosto por la Policía de Orden Público. Se había negado a cubrirse el cabello con un pañuelo. La trasladaron a la oficina del fiscal y la acusaron de “indumentaria indecente”, bajo el artículo 152 del Código Penal sudanés, de 1991. Quedó en libertad bajo fianza tras pasar cuatro horas detenida en la comisaría.
Su caso desnuda el drama de las mujeres en Sudán, donde la flagelación por llevar “indumentaria indecente o inmoral” está contemplada en la ley.
Bajo esa ley, ir a un restaurante usando pantalones es motivo de flagelación. De hecho, Amira ya había sido acusada y condenada en 2002 por llevar pantalones y tuvo que pagar una multa.
Sus abogados le piden al fiscal que retire los cargos. Aministía Internacional lanzó un petitorio en todo el mundo para pedirle a las autoridades sudanesas que detengan la flagelación. El sitio en Argentina es http://www.amnistia.org.ar/40latigazos
La flagelación de mujeres en Sudán por llevar “indumentaria indecente” cobró estado público en 2009 con el caso de la periodista Lubna Hussein, arrestada en un restaurante en Jartum (capital de la república) por “vestir ropas obscenas”. Diez de las 13 mujeres fueron inmediatamente condenadas a flagelación pública. Entre las azotadas había una chica de 16 años y dos de 17.
Lubna Hussein se declaró inocente. E invitó a 500 periodistas y amigos para que asistieran a su juicio. Cien activistas se manifestaron en las puertas del juzgado el día del juicio. Finalmente Lubna fue sentenciada a pagar 500 libras y a un mes de cárcel. La periodista se negó a pagar la multa (que sí pagó el Sindicato de Periodistas en contra de su voluntad) y fue liberada el día siguiente.
Desde varios ámbitos se ha pedido al Gobierno de Sudán la prohibición de este castigo humillante y denigrante: En 2003, la Comisión Africana ordenó a Sudán que modificara el artículo 152 afirmando que la flagelación equivalía a una tortura sancionada por el Estado. Esto sucedió después de que ocho mujeres demandaran al gobierno tras ser detenidas por ir de picnic públicamente con amigos varones. Las ocho mujeres fueron flageladas en público con un látigo de alambre y plástico que, según informes, les dejó cicatrices permanentes. Aministía Internacional advierte que el gobierno aún no ha adoptado ninguna medida para modificar la ley.
(Sudán (república) (nombre oficial, Al-Jumhuriyat as-Sudan, República de Sudán), república del África nororiental, es el más extenso de los países del continente africano. Limita al norte con Egipto, al este con el mar Rojo, Eritrea y Etiopía, al sur con Kenia, Uganda y la República Democrática del Congo, y al oeste con la República Centroafricana, Chad y Libia. Tiene una superficie de 2.505.800 km² y Jartum es su capital y principal ciudad.
Alrededor del 70% de la población profesa la fe musulmana, un 25% practica religiones tradicionales de África y una minoría (5%) es cristiana).

sábado, 26 de octubre de 2013

Feinmann, el bueno

Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com


El domingo 25 de diciembre de 2011, el matutino LA NACIÓN  de la ciudad de Buenos Aires publicó una entrevista (firmada por el periodista Ricardo Cárpena) realizada al intelectual José Pablo Feinmann.
Han pasado casi 2 años de la mencionada publicación. Mañana (27.10.2013), la ciudadanía argentina “elegirá” representantes nacionales, provinciales y comunales.
Entiendo que “hoy” la lectura de esa entrevista puede iluminar de una manera singular la expresión de la soberanía popular que mañana se manifestará en las urnas.
Recupero a continuación fragmentos de la entrevista de Ricardo Cárpena.

 -Disculpe que revele públicamente este dato, pero cuando lo llamé para concertar esta entrevista usted me dijo que no era kirchnerista, algo que me sorprendió. ¿Es así?
-Por supuesto que no soy kirchnerista. Primero habría que definir bien qué es el kirchnerismo. La gente, de un modo muy banal, define como kirchnerista al que adhiere a un gobierno, pero esa definición es muy ligera. Ser algo implica un compromiso mayor y no adherir a un gobierno. Si usted me pregunta qué soy yo, cuando me definen como un intelectual K, yo digo: "Sí, sí, cómo no, Kant, Kierkegaard, Kafka". No me insulten, no me tomen el pelo: ¿cómo voy a ser kirchnerista? Yo me formé con Hegel, Marx, Sartre, Adorno, Foucault... ¿y ahora soy un intelectual K?
-¿Esto no implica tomar distancia?
- Yo siempre tomé saludables distancias. Si no, no puedo pensar. ¿Cómo va a pensar un intelectual que está pegado a un partido? En ese sentido, estoy totalmente en contra del intelectual orgánico, el intelectual tiene que tener libertad. Si vos me preguntas qué soy a esta altura de mi vida: soy feinmanneano . Pienso desde mí. El que piensa desde otro filósofo o desde un partido político piensa en exterioridad, pero, a cierta altura de la vida uno ya tiene que pensar por sí mismo, y eso lo hago desde hace mucho tiempo.
-Aunque usted es un crítico del peronismo, me llamó la atención que en su nuevo libro se muestre tan implacable contra Perón.
-Soy muy duro con el tercer Perón. Los peronistas lo tapan porque no quieren ver que el jefe del movimiento hizo cosas muy oscuras. Cuando vuelve, Perón pierde su capacidad de mito porque se historiza. Desde afuera, podía totalizar toda la caótica realidad del peronismo, todas las particularidades chocaban entre sí y el líder les daba una unidad desde afuera. Como él decía: "Cuando hay dos grupos peronistas, yo soy el padre eterno, tengo que hacer que se amiguen". Ahora, cuando él vuelve, es uno más, pasa a formar parte del problema y, además, ya no es el "padre eterno" porque claramente elige a la derecha.
- Usted no parece tan de acuerdo con esa imagen de un Perón que vuelve al país con cierta dosis de espíritu de concordia.
-Sí, ese es el Perón del 72, el que vuelve. Es muy abierto, muy herbívoro, como dice él, muy democrático, y quiere una unidad nacional. El fondo de la cuestión es que ya era tarde para todo. Perón había demorado mucho su regreso, pero no por su voluntad; el gran error del Estado antiperonista que se desarrolla desde 1955 hasta 1973, en que asume Cámpora, fue prohibir a Perón durante 18 años, en una actitud absolutamente antidemocrática en nombre de la democracia. Si Perón hubiera vuelto en el 64 no hay guerrilla, ni miles de muertos, ni tanto odio en el 73.
-En una entrevista usted dijo algo muy duro: "Ojalá Perón se hubiera muerto en Madrid, es una tragedia que haya vuelto".
-Es una tragedia para su figura, sobre todo. Recuperó el uniforme de teniente general, pero quedó desacreditado como líder revolucionario de masas y, además, se ensució con sangre. No resolvió nada y se murió a los seis meses. Pero, por otro lado, hay una organización, que es Montoneros, sobre todo, y hay una Juventud Peronista que acepta a esa organización como hegemónica de la JP, algo que también es un error muy grande. Todos hicieron exactamente lo necesario para que la tragedia se consumara. El asesinato de Rucci es una calamidad. En el libro Diario de un clandestino, Bonasso cuenta que lo va a ver a Firmenich y le pregunta: "¿Fuimos nosotros?". "Sí, fuimos nosotros", dice Maderita (como lo llaman a Firmenich). "Pero entonces -le dice Bonasso-, si hacemos una ejecución y no la firmamos somos una banda clandestina." Impecable.
-En el libro también se muestra muy crítico de las organizaciones guerrilleras.
-No sólo enumero los errores de Perón, sino también los de las organizaciones armadas. Eric Hobsbawm dijo: "Se trató de un error espectacular". ¿En qué consistió? En no evaluar el poder del enemigo. En equivocarse confiando en que podrían manejar a Perón. Después, el gran error es el de la Revolución Cubana, que se hizo con doce guerrilleros. Esa es la leyenda. El otro gigantesco error es el del foco guerrillero, que es una teoría del francesito Régis Debray, que él le pasó a Guevara y la fue a practicar en Bolivia, donde Guevara no podía estar con su asma. Pobrecito, la pasó horrible, no logró nada y los campesinos lo delataron. Pero en lugar de ver los errores de Guevara, se lo transforma en un mártir. "Sean como el Che", dice Castro en un célebre discurso. Habría que haberles dicho a los muchachos: "No sean como el Che, evalúen mejor a las fuerzas con las que se oponen, con ocho guerrilleros en una selva no van a nuclear a la población.
-Pasemos a la política actual, pero sigamos hablando del peronismo: ¿qué imagina que puede pasar en el conflicto que se creó entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano?
-Tendrá que haber un diálogo. Si hay ruptura, la situación es muy peligrosa porque el sindicalismo no creo que apele a la razón, sino que está (por historia) muy cerca de la violencia. Ha hecho acciones violentas muy claras: la UOM de Lorenzo Miguel invade Villa Constitución en el 75. Después, las bandas que se crean en la CGT, como la Juventud Sindical Peronista, también eran temibles. Ahí la sociedad tiene que tomar partido: a nadie le conviene un gobierno de Moyano. Ahí sí que van a ver lo que es el autoritarismo peronista. Lo va a llamar a Duhalde, a Menem, a Rodríguez Saá, y viene la derecha peronista.
-Es raro el conflicto porque fue Néstor Kirchner el que alentó a Moyano, el que le dio negocios, un poder político inusitado. ¿Por qué está hoy cerca de la ruptura, entonces?
-Porque Cristina no le habrá dado lo que le dio Néstor. Cristina está a la izquierda de Néstor, que le dio todo porque era quizá más negociador que Cristina. Todo tipo que llega al gobierno tiene que negociar con el aparato peronista. Por eso me da un poco de pena la oposición: había algunos que si subían, a los dos días los tiraba el aparato peronista. Hay que gobernar con el aparato peronista... Supongo que Cristina lo va a llamar a Moyano y si él no quiere ir, no sé, se acuartelará en la CGT, la policía se acuartelará en la provincia y ahí sí hay peligros en el horizonte y hay que ver qué hacen los que dicen defender la democracia.
-¿Le parece que el kirchnerismo es la etapa superior del peronismo?
-Eso es muy leninista? (Risas). No creo que sea una etapa superior del peronismo. No sé si dentro del kirchnerismo vamos a terminar englobando al cristinismo...
-¿Hay matices? ¿De qué tipo?
-Cristina tiene una tendencia a ir más hacia lo que podríamos llamar, no te digo izquierda, pero más hacia un capitalismo de inclusión y de solución de la pobreza, que va a implicar un mayor compromiso para enfrentar a los sectores más poderosos económicamente y ver cómo se les puede extraer medios económicos para realizar esta distribución. ¿Querés que te diga algo de corazón? Yo no entiendo cómo los muy muy ricos no se dan cuenta de que tienen que ceder algo de su riqueza para vivir más felices.
-¿En el aporte de los más ricos no hay señales confusas? Siempre me llamó la atención que los Kirchner quintuplicaron su patrimonio en apenas cinco años. Son ricos...
-Entonces habría que hacer dos cosas: si los que dan algo y comparten lo hacen, exigirles a los que gobiernen que también lo hagan en la misma medida? Es una utopía, pero es una utopía para vivir mejor. Si no, no vamos a vivir mejor.
-O sea, que Cristina reparta, ceda parte de su fortuna. Eso sí que es revolucionario?
-Hay que hacer una verificación final de eso. Con Menem había causas abiertas y había políticos corruptos presos a patadas, y con los gobiernos kirchneristas no ha habido ese tipo de cosas.
-También hay una Justicia funcional al poder y una virtual ausencia de organismos de control. ¿Pero no le hace ruido el vertiginoso y enorme aumento patrimonial de los Kirchner? ¿O le parece un tema menor?
-No, no me parece un tema menor. Habría que hacer un muy buen análisis de cómo creció ese patrimonio, que alguien demuestre con qué mecánica se hizo la extracción ilegal. Eso me tranquilizaría mucho más. Me dolió cuando se habló de un hotel de dos millones de dólares que pertenecía a Néstor Kirchner. Pero no me duele tanto: no tengo mi causa total comprometida con los Kirchner y estoy acostumbrado a que los líderes en los que uno confía hagan también grandes macanas. Yo creí, o quise creer, en Perón. Fijate cómo me fue y cómo nos fue a todos. La cabeza, a esta altura, no la doy por nadie. Uno sufre con estas cosas porque desearía que se aclaren y que ellos digan: "Esto viene de acá". Y que les quiten la incomodidad a los que adhieren al Gobierno porque es muy incómodo adherir a un gobierno de dos gobernantes multimillonarios que están comandando un gobierno nacional, popular y democrático, y que te hablan del hambre. Por ejemplo, cuando Cristina dice que es la primera que renuncia a los subsidios, sería muy bueno un acto simbólico: "Yo doy 10 millones de dólares para hacer un barrio en tal lugar". Un millón, aunque sea. "De esa fortuna que dicen que yo robé, uno va ahí." Eso me gustaría, pero más para los militantes.
-Sería una señal distinta...
-Eso habría que aclararlo, pero Cristina da otras señales: se enfrenta en los foros internacionales al consenso de Washington, explica muy claramente por qué sólo una política keynesiana puede salvar al capitalismo. Todas esas cosas que dice me parecen importantes también, no sólo la fortuna que haya acrecentado. También tiene mucho coraje para ir a un foro internacional y decirles: "Ustedes están equivocados". Es la primera vez que un presidente le dice eso al Fondo Monetario, al Banco Mundial. Lo que hay que hacer acá es lo que estamos haciendo nosotros, una intervención estatal en el mercado. Si no, el mercado se concentra solo y terminan siendo cuatro o cinco grupos económicos los que lo manejan.
-La Presidenta parece intelectualmente mucho más sólida, pero parece más cerrada.
-Más cerrada porque es muy posible que Cristina se crea autosuficiente. Tampoco le faltan motivos: es muy inteligente. Alguien muy inteligente es posible que diga: "Estas cosas las voy a arreglar yo, qué va a venir fulano a bajarme línea".
-En una nota de hace unos años usted criticó al kirchnerismo por "la ausencia total de formación de cuadros políticos". ¿La Cámpora no es una forma de remoción de cuadros?
-Lo que me preocupa de La Cámpora es que hay un exceso de pragmatismo y una carencia de ideas. Además, muchos han tomado puestos en el Gobierno, cosa que la Juventud Peronista no había hecho y se pasaba el día hablando de ideas, ideas e ideas. Era la época, pero ahora hablan de a quién poner acá, allá, a quién sacar de aquí y eso me deja un poco aparte. Prefiero que se hable de ideas en un mundo muy complejo.
-¿Lo decepciona el hecho de que los Kirchner, contrariamente a lo que usted les recomendó, no rompieran con el peronismo?
-La cosa es más lenta, pero hay signos: a la liturgia del movimiento no la usan, no se canta, no hay fotos de Perón ni de Evita, no hay escudos, Cristina jamás cita a Perón. Hay algunos atisbos.
-Y hasta lo criticó, en su reasunción.
-Y hasta lo criticó... Pero no creo que Cristina rompa con el peronismo: nadie va a poder gobernar sin el peronismo hoy, todavía. Por más que venga el que vos quieras, no va a poder gobernar sin un pacto fuerte con el peronismo. Imaginate si al tercer o cuarto día Moyano se te planta como un gran rey, como Hoffa. Hay que ver qué poder tiene el Gobierno, qué hace si le larga una huelga, el 17 de octubre de Moyano. ¿Reprime? No, no puede. El país está en una situación bastante peligrosa. Como siempre. Y como estamos acostumbrados, lo podremos sobrellevar.

sábado, 19 de octubre de 2013

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO

Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com

La actriz porno Aurora Snow (Rebecca Kensington) escribió una carta a su hijo, que nacerá en diciembre del 2013. El texto se publicó en una columna del diario digital Daily Beast.

Aurora Snow (Rebecca Kensington) participó en más de 300 producciones pornográficas y en el 2003 ganó uno de los premios más prestigioso del sector, el premio AVN a la mejor actriz del año.

La carta completa de Aurora Snow (Rebecca Kensington) a su hijo

Hijo mío,
Mientras escribo esto, todavía no llegaste al mundo, no debés nacer hasta mediados de diciembre. En el momento de leer esto serás lo suficientemente mayor como para navegar por Internet y tendrás la edad suficiente para que te gusten las niñas y también para saber el nombre de Aurora Snow. Temí ese día desde hace muchos años y mi esperanza es que encuentres esta carta antes de tropezar accidentalmente con las fotos o videos que muestran a tu madre de una manera que nunca quise que me vieras. Me explico.
Tu madre creció muy, muy pobre. A principios del 2000, iba a la escuela en la UC Irvine, y aunque en el instituto yo era una estudiante de matrícula de honor, que sacaba buenas notas en los exámenes, y pasaba semana tras semana rellenando solicitudes, me estaba ahogando por los préstamos universitarios. Me sentía frustrada y sentía que mi oportunidad de tener una educación superior se desvanecía, así que respondí a un anuncio en el periódico Orange County Register.
La letra negrita grande me llamó la atención: Modelos de desnudos femeninos: gana 2.000 dólares al día.
No tenía vergüenza y necesitaba el dinero. Sabía a ciencia cierta que no quería una familia propia. Fue antes de que todo y todos estuvieran en Internet, y pensé que podía esconderlo de mi madre, de mi padre y de mis hermanos. ¿Qué podía perder? Pensaba dedicarme a eso durante un año, pagar mi deuda y pasar la página sin mirar atrás. No funcionó de esa manera.
Las deferencias que recibía me hacían sentir bien. El dinero era increíble. Pero incluso con esas deferencias nunca me sentí guapa. Yo pensaba que, en cualquier momento, se darían cuenta de que habían cometido un error y me pedirían que me fuera a casa y traerían una chica bonita al estudio. Nunca lo hicieron. El trabajo de posar desnuda pronto dio lugar a que alguien me preguntara si quería tener sexo delante de la cámara por dinero. Todavía más dinero. Le dije que sí, y esa decisión me arrastró por el ajetreado y colorido camino del “cine adulto”.
Por razones que se escapan a mi comprensión, me siguieron pidiendo que hiciera películas. Pronto estaba en las carátulas, en pósters e incluso en programas convencionales de televisión. Tu bisabuela fue la primera en descubrir mi profesión secreta (ella me vio en una cinta VHS en casa de su amigo), y rápidamente informó a tu abuela y a tus tíos. Pese a estar decepcionados con mi elección, nunca dejaron de amarme y permanecieron a mi lado en todo momento.
Tu abuela pensó que yo debía hacer algo con mi mente y no mi cuerpo. Se preocupaba mucho por mí y siempre esperaba que encontrara mi camino. Aunque nunca hablé directamente con tus tíos, la cuestión siempre estuvo en el ambiente. Tu abuelo vivía en otro estado, y se enteró de lo que estaba haciendo cuando me vio en el programa de televisión de Howard Stern. En retrospectiva, estoy muy agradecida de haber sido una de las pocas chicas en el programa que conservó la ropa puesta. Mantenía mi sentido del decoro cuando no estaba en el estudio.
En este punto de tu vida, espero haberte enseñado la importancia de la honestidad, así que voy a ser honesta contigo. Hice casi todo lo imaginable en mi carrera de actriz de cine adulto y si escarbaras suficiente encontrarías cosas que considerarías terribles. Honestamente, puedo decir que me acerqué al cine de adultos como un trabajo y, al igual que cualquier tipo de trabajo que tuve, lo consideré importante y lo hice lo mejor posible. A veces, hacer bien mi trabajo significaba hacer cosas muy graves. Espero que nunca las veas.
El 20 de febrero de 2009 hubo un cambio radical en mi vida. Tu tío Keith tuvo un accidente de moto y se rompió el cuello, y sus dos hijos pequeños quedaron a mi cargo. No tenía ni idea de qué hacer con los niños y me vi obligada a aprender mientras cuidaba de tus primos durante dos años. En ese período, tu tío Keith se recuperaba. Durante ese tiempo, algo cambió. Sentí que algo poderoso cambiaba en mí cuando uno de mis sobrinos me abrazó, confiándome su vida y dándome su amor incondicional. De repente me di cuenta: “Mierda, quiero una familia propia”.
Nunca creí en el amor y estaba muerta de miedo de que nadie se comprometiera conmigo. Yo era un espíritu libre que podía escoger qué hacer en cada instante, pero esos sentimientos se desvanecieron cuando me di cuenta de lo que me estaba perdiendo.
Mis prioridades cambiaron. Ya no era la chica dispuesta a hacer cualquier cosa, y, en lugar de eso, me convertí en una mujer con un objetivo. Quería una familia, pero primero tenía que encontrar a alguien con quien crearla. No era una tarea fácil. Un buen amigo me presentó a un buen granjero del medio oeste, que también trabajaba en el sector del entretenimiento y la producción de programas de televisión. Él era cálido, encantador y muy orientado a la familia.
A pesar de que yo quería salir del mundo del cine adulto, es difícil cambiar después de dedicar una década de tu vida a tu carrera, sin importar cuál sea la carrera. Tu padre se dio cuenta del embrollo en el que estaba atrapada y dijo: “Basta con pulsar el botón de eyección”. Fue un consejo que estaba lista para escuchar. Por primera vez, tuve la motivación y el coraje de dejar el negocio.
Hijo, espero que este artículo te ayude a entender y te prevenga de hacer clic en mis videos pornográficos. Las decisiones que tomamos pueden cambiar nuestro camino para siempre de una manera que no podemos entender en ese momento. Tomé decisiones que me llevaron por un camino que muchas personas desaprueban. A pesar de lo que pensé entonces, estas son las decisiones que ahora estoy explicando a mi propio hijo. Todo se reduce a las elecciones. Si hubiera sabido que cambiaría un día mi mente y querría una familia propia, hubiera tomado otras decisiones. No puedo decir que hubiera sido mejor, porque cada decisión que tomé me llevó a este punto y no me retracto. Cuando tenés 18 años es fácil ver el futuro y ver exactamente lo que querés y lo que no, pero sólo 10 años después esa visión desaparece.
Así que recuerda, cuando tomes grandes decisiones en la vida, pensá en el futuro y pregúntate, “¿podré vivir con eso?”. Mi respuesta está en esta carta que espero que hable por sí misma.
Con amor,
Mamá

sábado, 12 de octubre de 2013

¡LA BOMBA LOCA!

Por Telésforo

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Un bombardero estadounidense B-29, bautizado "Enola Gay", lanzó la primera bomba atómica en la historia de la humanidad el 6 de agosto de 1945 a las 8 horas 15 minutos, sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.
Mató 140.000 personas, aproximadamente.
La bomba fue bautizada como “Little Boy” (Pequeño Niño).
El piloto del avión era el coronel PAUL WARFIELD TIBBETS Jr. (1915-2007), quien años más tarde llegó a ser un alto ejecutivo de la industria aeronáutica.
Paul Tibbets era el hijo de Paul Warfield Tibbets y Enola Gay Tibbets. Paul llamó al bombardero B-29 “Enola Gay” en homenaje a su madre.

DOS TESTIMONIOS

Kyoko Katagami (mujer) tenía 6 años cuando cayó “the little boy” en Hiroshima. Ella jugaba en la puerta de su casa en Koi, un pueblo ubicado a tres kilómetros de donde estalló la bomba.
Kyoko recuerda así: "La entrada de mi casa era de tierra, me encantaba recolectar ramitas y hacer figuras con ellas en el suelo. Adoraba dibujar pájaros. De pronto sentí el temblor sobre mis rodillas. Me puse de pie y me invadió una ráfaga de calor que se impregnó en mi piel. Un calor que nunca más volví a sentir en mi vida. Como si recibieras un baño de fuego desde los pies a la cabeza. Corrí para entrar a mi casa y los vidrios de las ventanas estallaron en mil pedazos e impactaron en mi rostro. Quedé bañada en sangre. En mi cara, conservo algunas cicatrices. Yo tenía solo seis años. Mi mamá estaba limpiando los restos del desayuno en la cocina con mi hermana mayor. Nos abrazamos las tres y, entre gritos y llantos desesperados, esperamos lo peor".
"El miedo es natural y todos debemos enfrentar nuestros propios miedos en algún momento. Pero yo no hablo de miedo. Yo estoy hablando del terror. De la oscuridad absoluta. ¿Puedes imaginarlo?"
Hisao Katagami (varón) tenía 14 años, el 6 de agosto de 1945. Se había escapado de una clase de la escuela secundaria de Kure, a 30 kilómetros de Hiroshima.
Hisao recuerda así: "Nunca me gustó la matemática y tampoco me gusta hablar de la guerra. Siento mucho dolor al recordar esa época. Yo tenía 14 años y mi pueblo estaba a 30 km de Hiroshima. Me había escondido en el baño para que no puedan encontrarme. Sentí la explosión, pero pensé que había explotado un tanque ubicado cerca de mi escuela. No entendía lo que pasaba. Alcancé a ver a través de una ventana muy pequeña el hongo nuclear. Vi como se formaba y crecía rápidamente hasta el cielo. (Seguro que has visto una foto o alguna película con imágenes de ese hongo). Yo no puedo borrar esa imagen de mi cabeza y ya han pasado muchísimos años.
Lloré en soledad encerrado en ese baño hasta entrada la noche. Luego sentí alivio. Algo me decía que la guerra había terminado".

sábado, 5 de octubre de 2013

YO VIBRO. TÚ VIBRAS. ÉL VENDE

Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com

Los creadores de “un vibrador para parejas” afirman que la tecnología puede mejorar la vida sexual. La afirmación la realizaron  durante la presentación del vibrador en la feria de la electrónica, Consumer Electronic Show (CES), en la ciudad de Las Vegas, que este año dedicó más conferencias a la relación entre la tecnología y los placeres sexuales.

El vibrador presentado puede ser usado durante las relaciones sexuales por ambos miembros de la pareja al mismo tiempo, afirmó Tristan Weedmark, coordinadora de temas sexuales del fabricante canadiense Standard Innovation.
El vibrador, llamado We-Vibe, “estimula el punto G, el clítoris y el pene simultáneamente”.
Esto permite tanto al hombre como a la mujer beneficiarse del aparato al mismo tiempo: “Realza la sexualidad en vez de distraerte”, destacó Tristan Weedmark.
Aunque el aparato fue concebido para ser utilizado por parejas heterosexuales, Weedmark señala que también ha sido probado por “la comunidad gay con mucho éxito. Sólo está limitado por la imaginación”.
Según afirmó la coordinadora, “las vibraciones que emite son muy discretas, gracias a que el motor es prácticamente silencioso”. Además, agregó que tiene “6 modos de estimulación que, a través de su sencillo control remoto, permite seleccionar un tipo de vibración diferente de forma alternada”. Según el fabricante, el vibrador (que cuenta con versiones anteriores) fue usado por dos millones de personas.
La presentación del We-Vibe coincide con el creciente interés en el sexo que demostró el CES (Consumer Electric Show) que, en esta edición, presentó varios debates como “el sexo no envejece”, “la ciencia se encuentra con la sexualidad” y “el sexo en tiempos digitales”.
“Existe mucha ciencia en nuestros productos”, afirmó por su parte, Grant Bechthold, responsable del desarrollo de productos de Standard Innovation. “Utilizamos los mismos principios de concepción e ingeniería que el resto de las empresas aquí presentes”, destacó.

sábado, 28 de septiembre de 2013

The boys don’t cry

Por Cecilia Palmeiro

Hace un mes, Alemania dio un paso pequeño para la ley pero gigante para la humanidad: el reconocimiento de que la identidad de género no es algo intrínseco al ser humano sino que forma parte de su inteligibilidad social. El género se muestra entonces como algo cultural y no natural, e incluso, como una convención social.
Desde el 1° de noviembre, por ley, Alemania no requerirá identificar a los recién nacidos como femenino ni masculino (hasta ahora las dos únicas opciones legales aunque no las únicas reales), dejando el casillero de género en blanco para ser rellenado por los sujetxs (y no por sus progenitores) a voluntad, cuando lo deseen y si lo desean.
Esta leve modificación de la ley tiene implicancias teóricas enormes, aunque también limitaciones.
La legislación se aplica en los casos de bebés intersex, es decir aquellos que nacen con las características biológicas y genitales de los dos sexos; anteriormente llamados “hermafroditas” o “andróginos”. Intersex es el nombre con el que esta comunidad se identifica, criticando el término médico “trastorno de diferenciación sexual” que diagnosticado como enfermedad afecta al 1% de la población mundial, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud.
La nueva ley, basada en reclamos de activistas intersex, otorga al individux intersex el poder de decisión sobre su propio cuerpo, antes detentada por los padres que junto con los pediatras decidían por uno u otro género e intervenían quirúrgicamente en consecuencia (por lo general a lxs intersex e incluso a los portadores de micropene se lxs vuelve mujeres, por el miedo pacato a que se convirtieran en “homosexuales pasivos”, una categoría precámbrica).
La mayoría de las personas intersex es violentada por la institución médica y el patriarcado desde su nacimiento, sin tener el derecho de vivir su cuerpo y su sexualidad libremente. Podrá decirse que en el capitalismo tardío nadie vive nada libremente, pero al menos algunos pueden vivenciar esa ilusión; claramento no quienes desde la infancia son sometidxs a penosas intervenciones “correctivas” para las cuales no es necesario su consentimiento. En la mayoría de esos casos, el género que deciden “las autoridades” no coincide con el deseado por los sujetxs posteriormente, de manera que todas esas cirugías y tratamientos pasan a revertirse a través de no menos penosos y costosos procedimientos médicos.
Esta nueva normativa se aplica solamente en casos de intersexualidad, es decir que esto no significa que todo el mundo pueda elegir su género y que en las opciones no haya simplemente dos casilleros, como lo quieren algunas imágenes utópicas del activismo queer, comprometido con la liberación de todas las sexualidades. Tampoco significa que se reconozca un “tercer género” ni un literalmente “género neutro”.
Más bien, lo nuevo de esta norma permite postergar indefinidamente la elección binaria de un género a nivel legal, y la casilla podría quedar en blanco para siempre, abriendo la posibilidad a futuro de que el casillero en blanco se transforme en una nueva opción.
En el Reino Unido, en 2010, una persona de 48 años, que nació varón y se transformó en mujer a los 28 para luego no identificarse con ninguno de los géneros, logró modificar su partida de nacimiento para figurar “sin género”. “No encajo en los conceptos de hombre o mujer –declaró–. La solución más fácil es no tener ninguna identidad sexual.” Esta modificación tendrá repercusiones mayores, ya que Alemania, e incluso el Reino Unido, deberán cambiar consecuentemente su aparato de identificación legal.
Una pregunta recurrente qué ocurrirá con documentos de validez internacional como los pasaportes, ya que todos los países tienen como campo obligatorio F o M, de donde las personas que no se identifiquen con ninguno de los dos tendrían problemas para circular por el mundo. Por eso algunos grupos abogan por la inclusión de la X como sigla del “neutro” en tales documentos.
Pero el mayor problema de la ley alemana es su recurso a la biología: solamente podrían elegir su identidad de género las personas que nazcan con ciertas características genitales. La libertad de elección pasa entonces por un destino biológico, concepto contra el que se instituyó primero la teoría de género, y luego el feminismo.
La teoría de género establece una diferenciación entre sexo biológico, orientación sexual e identidad de género. Alinear las tres instancias bajo el concepto de naturaleza fue el trabajo de la heteronorma a lo largo de toda la cultura occidental: si se nace mujer biológica (con determinado aparato genital), se tiene que desear al sexo opuesto, y se tiene que vivir como mujer, asumiendo los rasgos que la cultura atribuye a las mujeres; y viceversa. La historia del feminismo y de las políticas de género es la de la desarticulación de esa falsa unidad “natural” con eje en la genitalidad. El protocolo alemán recae teóricamente en el viejo vicio de la biología: la elección será libre solamente para quienes biológicamente no correspondan a los géneros pautados y sean diagnosticados con trastorno de diferenciación de género, es decir, patologizados. 
La identidad entonces sigue atada a la genitalización del cuerpo. De hecho, esta ley hace hincapié sobre los aspectos médicos negativos que una asignación de género no deseada pueda causar sobre los sujetxs, y no focaliza en los aspectos éticos, políticos y epistemológicos de tal asignación forzada que se realiza sobre todos los seres humanos.
[Material recuperado del matutino Clarín. Buenos Aires. 26.09.13]

sábado, 21 de septiembre de 2013

RECUERDOS DE UNA DESCARNADA DEL NAZISMO

Por Liselotte Leiser

(Liselotte Leiser nació en Alemania en 1919. Judia, sobrevivio al nazismo. Vive en la Argentina desde 1947).

- Me dicen Lilo pero mi verdadero nombre es Liselotte Leiser de Nesviginsky.
Tengo 94 años, nací en Berlín, en una familia judía que era dueña de una importante cadena de zapaterías y llegué a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Soy viuda luego de haber estado casada más de 50 años con un hombre extraordinario, buen compañero de vida y aventuras. Mi único hijo se llama Jorge, 58 años.
Soy, también, una sobreviviente del nazismo. Claro que ese calificativo no alcanzaría para definirme como persona, pero creo que es una forma posible de empezar a presentarme. Voy a ir por partes.
La cadena de zapaterías de mi familia, “Leiser”, llevaba nuestro apellido y tenía más de treinta y cinco sucursales. Para el año 1933 aproximadamente estuvo de visita en uno de nuestros negocios Alberto Enrique Grimoldi, el conocido fabricante argentino de zapatos, hijo a su vez de quien fundó esa empresa en 1895. Alberto había venido para aprender en los negocios de mi familia todo lo relacionado con la atención al cliente, la venta de calzado al público, la comercialización del producto. Recuerdo como si fuera hoy que Alberto se sentó en un banquito de madera de esos que se usaban entonces para ver en detalle, en vivo y en directo como se dice ahora, el procedimiento que utilizaban los vendedores de la firma.
Ninguno de nosotros podía imaginar la importancia que tendría ese hombre que de tal modo se cruzó con nuestras vidas para siempre.
Pasaron los años y la oscura estrella de Hitler siguió ascendiendo en una Alemania que se volvía cada vez más peligrosa y temible. En el año 33 la cadena Leiser, cuyas fotografías pueden verse hoy en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Montreal, fue “arianizada” y, como consecuencia de ese despojo cruel y racista, mi familia fue obligada a “asociarse” en forma compulsiva con una persona no judía y así pasar el negocio a manos “arias”.
En noviembre de 1938 se produjo la tristemente célebre noche de los cristales rotos, esa que quedó en la historia de Alemania con el nombre de Kristallnacht.
A partir de ese episodio vinieron ataques permanentes y cada vez más duros contra los judíos con persecuciones de todo tipo. Sin ir más lejos, ya unos años antes, yo asistía a un liceo de señoritas hasta que a la edad de catorce años fui notificada por una profesora diciéndome, con una sonrisa entre cínica y fría, pero también como un alerta de lo que se venía, que debía buscar inmediatamente otro lugar ya que por ser judía no podría continuar estudiando en ese liceo.
Cuando la situación se volvió intolerable para todos nosotros, mis padres decidieron viajar conmigo desde Berlín a Holanda procurando buscar un lugar más seguro y tranquilo. Recuerdo ese momento crítico y angustiante con el mayor detalle que mi débil memoria permite. Íbamos a embarcarnos, creo, en un avión de la línea Lufthansa. En la aduana los SS nos desnudaron por completo para comprobar que no lleváramos joyas escondidas en el cuerpo. Así era la vida entonces. En Ámsterdam, mi familia poseía también una cadena de zapaterías conocida como Huff, no tan grande como la de Alemania, pero igualmente importante y prestigiosa. En el nuevo destino no disfrutamos de la suerte esperada.
En mayo de 1940 también ese país (Holanda) fue invadido y ocupado por los nazis. Ante el riesgo de perder también los negocios en Amsterdam se produjo la segunda y milagrosa intervención de Grimoldi, quien se hizo cargo de la cadena en Holanda mediante una operación comercial obviamente ficticia y con la promesa de devolver el patrimonio recibido no bien terminara la Guerra. Un verdadero pacto de caballeros. También (aunque yo era muy joven para conocer el detalle), sé que cuando mi familia aún estaba en Alemania le envió dinero a él con la sola promesa de palabra de que luego lo devolvería. Así fue. A veces, me preguntan por qué mi familia confió tanto en Grimoldi. La respuesta es mucho más simple de lo que podría suponerse. Mis padres decidieron asumir el riesgo y, así, aferrarse a la promesa de ese hombre que, en un mundo que se les caía encima, les generaba confianza. A veces, en la vida hay que dar un espacio a los valores permanentes de la condición humana.
Lo que pasó después es algo muy triste de contar y evocar para mí. Un día, a las seis de la mañana yo estaba parada y como perdida en la puerta de nuestra casa en Amsterdam; en la noche anterior había salido a bailar con unos amigos en un bar de las cercanías cuando llegaron los de la Gestapo. Debo advertir que un poco antes de eso, en un último y desesperado intento de prevención y anticipo de la tragedia inminente, mi familia obtuvo a cambio de una fuerte suma de dinero pasaportes costarricenses. Fueron otorgados por el conde Rautenberg, cónsul por entonces de ese país centroamericano. Me animo a decir que la posesión de esos documentos que nos brindaron la ciudadanía de un país que jamás conocimos nos salvó la vida. No exagero. De no contar con ellos nuestro destino seguro eran las cámaras de gas de Auschwitz. Pero aún con esa ventaja adicional nos llevaron primero a un colegio grandote donde dormíamos en el piso en condiciones muy precarias y finalmente terminamos alojados en el campo de concentración de Westerbork, un lugar de tránsito en realidad. Fue el mismo donde estuvo Ana Frank, la autora del famoso diario íntimo, antes de ser trasladada a Auschwitz para matarla como ya lo habían hecho los nazis con una tía mía, su esposo y su pequeña hija.
En Westerbork dormíamos en barracas ruinosas y fuimos tratados como animales o menos que eso. De un lado pusieron a los hombres y del otro a las mujeres. Hacíamos nuestras necesidades en letrinas asquerosas, simples agujeros cavados en el piso, y nos limpiábamos con papel de diario cuando había. Las camas, de dos o tres pisos de alto, eran de hierro y con colchones de paja.
Por las mañanas nos lavábamos como podíamos en los mismos bebederos que se usaban para el ganado. Tengo de esa época un recuerdo insignificante pero, quién sabe por qué, muy importante para mí. Secretamente, me hice una almohadita rellena con crines de caballo que llevé y usé en todos los lugares por donde anduve en la vida. Aún hoy la conservo. Dentro de todo, y en comparación con los demás, tuve suerte porque una prima mía ya estaba en el campo y se había hecho amiga de uno de los médicos que trabajaban ahí. Si no me equivoco se trataba del doctor Spanier, también judío y obligado a trabajar como todos en el hospital del lugar. Yo, usando un brazalete que todavía conservo al igual que la estrella amarilla que nos obligaban a llevar en todo momento, trabajé en el hospital como cocinera. Para alimentar a mis padres y a otras personas juntaba a escondidas viejas cáscaras de papas, zanahorias o batatas y con eso, más algunos huesos que encontraba por ahí, preparaba una especie de sopa horrible que sin embargo sirvió de alimento para muchos.
Lo que sigue a esta historia tiene que ver con la ansiada liberación. Llegó al lugar una autoridad de la cancillería alemana y constató la autenticidad de nuestros pasaportes costarricenses. Hacia 1944 nos trasladaron entonces a un campo de refugiados en Francia llamado la Bourboule. Una semana después se produjo el desembarco en Normandía y, qué emoción me da contarlo ahora, nos abrazamos todos llorando y corrimos hacia los alambrados de púas, los cortamos casi con los dientes y gritamos la palabra libertad, libertad, libertad, una, dos, cien veces. Una nueva vida empezaba para mí en ese instante. Lo vivido entonces fue inolvidable para mí, para mis padres y para las demás víctimas judías o de otro origen que habían conseguido sobrevivir a una vida espantosa en el mejor de los casos, o a una muerte segura.
Dado que conocíamos a gente amiga y familiares en Uruguay nos embarcamos hacia ese país, más precisamente a Montevideo, donde, en el barrio de Pocitos, permanecimos alojados durante aproximadamente nueve meses en una pensión. Queríamos ingresar a la Argentina pero eso no parecía posible por razones políticas: sabemos que la Argentina puso trabas para la inmigración de los judíos durante esa época. Es entonces, cuando se produce la tercera y nuevamente milagrosa aparición de Alberto Enrique Grimoldi, a quien por supuesto no olvidábamos. Él tenía contactos a diferentes niveles gubernamentales de Argentina y actuó como garante personal para permitir nuestra llegada a este país. Parece que le dijo al gobierno, presidido entonces por Perón, que nuestro conocimiento era fundamental para potenciar sus planes en la empresa. Acto seguido, Grimoldi devolvió a mi familia el dinero y todo el patrimonio de los negocios de Holanda que habían quedado a su nombre, un gesto que mi familia conoce muy bien y que  rescato en mi memoria como un tesoro inapreciable y eterno.
Es curioso lo que pasó después o ¡lo que no pasó!
Junto a mi marido me dediqué a la actividad turística, llegamos a organizar el primer contingente de viajeros argentinos a la Antártica; la vida siguió su curso. Pero lo cierto es que finalmente perdí todo contacto con los Grimoldi.
Alcancé a saber que el hombre que nos había ayudado tanto en momentos de grave riesgo para mi familia había muerto (si no me equivoco) en 1953. Todo lo vivido pareció entonces perderse para siempre en el olvido. Un día, no sé por qué, me puse en campaña junto a Virginia, una gran amiga y asistente, para ubicar a los Grimoldi. Fue como querer retomar en parte el hilo que se había roto. Ayudó en tal sentido un artículo aparecido en un diario donde se mencionaba a esa familia y su historia con algún detalle. Virginia, bastante más moderna que yo en el manejo de Internet y esas cosas, se ingenió para dar con Grimoldi hijo, el actual presidente gerente de la empresa.
Le enviamos juntas un mensaje electrónico y así se retomó el vínculo. Fui invitada a una reunión convocada en la fábrica con toda la familia para que yo contara el comportamiento que tuvo Alberto con nosotros. Eso fue muy emocionante para todos. Lo que dije en ese encuentro, lo repito ahora. Ojalá todos los hombres actuaran como lo hizo Grimoldi. Su hijo, Alberto Luis, es el actual presidente y gerente de la empresa y más allá de eso es, debo decirlo con todas las letras, un amigo permanente de la familia que nunca se olvida de nosotros.
Tengo 94 años y pese a todo lo pasado y sufrido estoy feliz de estar aún en el mundo. ¡Me gusta la vida! Si me toca morir preferiría que fuera de repente, sin dolor y rodeada por todos mis seres queridos.
[Un brindis para la firma que vistió mis pies en la infancia y adolescencia con sus “gomicuers”. Además, personas honorables. Está bueno que haya personas buenas y eficientes]. [Recuperado del matutino Clarín, Buenos Aires, 24.08.13]