sábado, 20 de abril de 2013

TRABAJAR EN EL BARRO

Perdón por abrazarme a Byron: "La consecuencia de no pertenecer a ningún partido significará que los molestaré a todos". Y una cosa más: el lector sensible, aquel que crea que la política es el arte de los discursos altruistas y las buenas conciencias, tiene la oportunidad ahora mismo de abandonar esta página plebeya y pragmática, y seguir con las confortables monsergas al uso. Lo que se propone este cronista no será perdonado por muchos lectores, y lo sabe, pero no puede resistirse a pensar en voz alta y sin filtros sobre este asunto tan serio que damos en llamar "la política". Ahí vamos: la nominación del papa argentino, acontecimiento fundante si los hay, fue el test perfecto para calibrar el comportamiento y la pericia de las fuerzas locales en pugna. Y el resultado fue notorio: el kirchnerismo tuvo reflejos , velocidad, cinismo, fortaleza y contundencia, logró girar en el aire dejando un desparramo a su alrededor y consiguió apoderarse impúdicamente de Jorge Bergoglio, su enconado crítico, con el simple método de abrazarlo por la cintura. Gracias a su instinto salvaje, acaso con un cierto fuego sagrado que se tiene o no se tiene en política y en cualquier otra disciplina, logró que las diferencias quedaran de pronto borradas. Quince días después, casi ningún sector popular cree que el papa Francisco y la presidenta Cristina Kirchner sean realmente enemigos.
La oposición, que está plagada de almas bellas y verbales, tiene varios dirigentes que muy bien podrían postularse como los representantes nacionales de "la ideología Francisco". Todos ellos se quedaron con la boca abierta viendo cómo la dama de negro viraba, les quitaba protagonismo y ocupaba una vez más el centro de la escena. Mauricio Macri debió ser rescatado de la multitud anónima por un allegado del Papa para lograr una mera foto de cabotaje. Los demás dirigentes vernáculos que frecuentaban a Bergoglio y bebían de sus consejos, se quedaron en Buenos Aires a mirar el espectáculo por televisión. Ni se les ocurrió hacer el esfuerzo de abrirse paso a los codazos en la Plaza San Pedro para ganar la tapa de las revistas y de los diarios del mundo. Eso les parece marketing repugnante, oportunismo inconducente, demagogia sacrílega y otros apelativos igualmente morales con los que arroparse para seguir durmiendo la siesta.
Esa gente, que suele ser honesta e incluso a veces hasta inteligente, cree que hacer política es ser columnista radial o panelista del cable. Sólo el kirchnerismo, con su monstruosa voluntad de poder, dio un paso al frente y produjo hechos políticos de gran contundencia. Decía un viejo zorro del radicalismo: hay dos clases de hombres en la política, los que la comentan y los que la hacen. La oposición está llena de comentaristas que dan muy bien en cámara.
Resulta muy decepcionante para los que de verdad creemos en la necesidad de un bipartidismo que no exista un verdadero deseo irrefrenable por tomar el comando de este país. Sin ese deseo animal, no puede haber tampoco un proyecto que enamore ni un líder que lo encarne y lo explique. Lo que quedan son aspirantes a Capriles grises, o amantes de las minorías, que se indignan por todo y que en su fuero íntimo piensan que son demasiado buenos y honestos para ser elegidos por una sociedad tan corrupta y equivocada.
Al Papa lo entregaron. No fueron capaces siquiera de disputarlo un poco. Se trataba de una valla baja para el antikirchnerismo, tenía todo a favor, y aun así no logró saltarla. Algunos opositores parecen novios castos: los canallas suelen birlarles a las chicas lindas.
Hay un segundo test por delante y tiene la forma de una pregunta maldita. ¿Qué es el peronismo? Parece una interrogación básica, y de hecho hay mucha bibliografía para contestarla. Sin embargo, este asunto nunca fue debidamente resuelto por el antiperonismo, y hoy interpela como nunca a la dirigencia que aspira a derrotar en las urnas al gran partido del poder. Aquella respuesta galvanizante necesita ser repensada una vez más y de manera crucial, dado que ese movimiento nacional que practica el populismo, esa oligarquía estatal de ideologías a la carta, ha reemplazado prácticamente a todo el sistema político. Propone tácitamente un bipartidismo trucho (la interna abierta de dos o hasta tres neoperonismos) y muestra simbólicamente un triunfo cultural e histórico: ahora resulta que hasta el Papa es peronista.
Ser peronista ya no es ser nacionalista, ni neoliberal, ni desarrollista, ni guevarista ni socialdemócrata. Todos estos uniformes ideológicos sirvieron para diferentes momentos y requerimientos de la historia. Voy a arriesgar mi propia respuesta. Es sencilla, y a la vez muy compleja: ser peronista, en realidad, es hacer política con los de abajo. El peronismo se ocupa de hacer política en las clases trabajadoras, en el proletariado (dicho en términos marxistas), entre los humildes y los marginales, y no hay en esto una valoración necesariamente positiva en cuanto a sus propósitos: está visto que muchas veces sus gobiernos han actuado para crear una clientela y mantenerla hundida en la pobreza como voto cautivo y funcional. Ser peronista, a estas alturas del travestismo, sólo es operar en las zonas populares de la sociedad, allí donde únicamente la Iglesia Católica, junto con algunas evangélicas, actúa y crea conciencia. Salvo las honrosas excepciones del macrismo, que se ha metido hasta el cuello en las villas porteñas, y algunos radicales de gestión o feudo provincial, la mayoría de las fuerzas de la oposición se contentó siempre con integrar partidos de clase media. Sin inserción territorial. Y el territorio es muy grande: hay por lo menos 20 millones de pobres en este país. Con sólo posar sus ojos sobre esa sociedad postergada y mejorarle mínimamente la calidad de vida, Hugo Chávez les gana a todos sus enemigos como el Cid Campeador: muerto y con la cabeza en alto. La tradición peronista de los sectores bajos se debe a la memoria del agradecimiento del primer Estado de bienestar de los años 40, abonada por el contacto sistemático del peronismo de todos los pelajes a lo largo de seis décadas. El clientelismo me resulta abominable y creo que no debería imitarse, pero no es la única herramienta política para cautivar a las clases sumergidas. Y si no me creen, pregunten a los intelectuales del Partido de los Trabajadores de Brasil.
En algunas ocasiones, los radicales lograron que esos sectores los votaran. Pero nunca supieron, quisieron o pudieron retener esa esperanza, insertarse en esas calles y ganar definitivamente esos corazones. Como lo hicieron Perón y Evita, y en cierta medida el "partido" de Jorge Bergoglio. Los opositores deberían pensar seriamente en este hecho decisivo: no se puede ser una opción real del poder sin trabajar de manera sistemática en el barro.
Tampoco se puede ganar el premio mayor sin crear una nueva épica y construir un nuevo relato. El kirchnerismo ha abusado del montaje, pero la creación de una forma propia de relatar el presente y el pasado ha tenido gran eficiencia. Es inviable producir ilusiones sin presentarse como parte de un linaje histórico, así como es ingenuo, en nombre de la concordia, no crear figuras a denunciar y a derrotar para que el futuro sea mejor. Sin un linaje ni una narración vibrante y dura, sin un perfume a epopeya, el votante actúa por default técnico: Macri es los 90, el radicalismo es la Alianza, Binner es un santafecino y Carrió es la virgen testimonial. Un líder opositor debería tener un alegato tan alejado del Gobierno como de los medios. Un alegato original, que cambie el eje de discusión y que suene a nuevo. Un discurso sincero, lejos de la impostura, pero lo suficientemente efectista como para comunicar con rapidez y sin remilgos una idea, una verdad.
Como los viejos colonos escondidos detrás de las carretas y acosados por los sioux, algunos opositores parecen únicamente esperar la llegada salvadora del Séptimo de Caballería, que sería un fracaso económico. Es cierto que este modelo parece tener el tanque perforado, y resulta ciertamente probable que al final se descubra que como Alfonsín y Menem, los Kirchner fueron negligentes con la economía, nos hicieron vivir por encima de nuestras posibilidades y nos condujeron dulcemente a la bancarrota. Tal vez un líder opositor pueda apelar a la idea de terminar por fin con treinta años de descalabros y pueda prometer algo modesto pero deslumbrante: construir por primera vez un país serio, imitando a Chile, a Brasil e incluso a Uruguay. El discurso inaugural de Pepe Mujica hablaba de eso; el primer kirchnerismo apostaba a "un país normal" quizá sin imaginar que nos conduciría a este manicomio financiero.
La oposición, sin embargo, no debería esperar que esta crisis se precipitara. Primero de todo, porque sería como desearnos el mal a nosotros mismos y sobre todo a los sectores más indefensos. Y en segundo lugar, porque el kirchnerismo ha sabido capear tempestades y levantarse de amargas derrotas que parecían terminales. Eso es lo que más rescato de la fuerza gobernante: su pasión por prevalecer. Esa misma pasión se necesita para llegar a la Casa Rosada, probar una alternancia y realizar una experiencia sanadora. No veo esa turbia pero imprescindible pasión en nadie más.
[Texto recuperado del diario La Nación (matutino de Buenos Aires, Argentina) 05.04.13]

sábado, 13 de abril de 2013

Margaret Thatcher, The Iron Lady (1)


La muerte de Margaret Thatcher me recuerda una anécdota que se enseñaba a los escolares británicos. En una cierta batalla entre ingleses y franceses, el jefe inglés se dirigió cortésmente a sus enemigos diciendo: "Señores los franceses: tirad primero". Según otra versión, más realista, en realidad arengó a su propia tropa diciendo: "¡Señores! ¡Los franceses! Tirad primero". Lo primero alude a un cierto fair play caballeresco, como en un partido de rugby. Lo segundo parece más adecuado a la guerra real.
En rigor, la órbita de Margaret Thatcher se cruzó una única vez con la de la Argentina: en ocasión de la Guerra de Malvinas, y más precisamente, cuando ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano. De eso se ha hablado en estos días, recordando los centenares de muertos, víctimas inocentes de la sanguinaria dama.
En 1982, la Guerra de Malvinas despertó nuestro enano nacionalista. La soberbia y la paranoia se expresaron de la manera peor y más grotesca. Nuestros derechos sobre las islas Malvinas nos autorizaban a "recuperarlas" por la fuerza: invadir sorpresivamente las islas, plantar la bandera, cambiar de mano las calles; tal el entremés del festín que nuestros militares de entonces preparaban. El 2 de abril el general Galtieri habló desde el balcón de Perón, alzó los brazos como Perón y hasta hizo la V de la victoria, ante una plaza colmada y aclamante. La receta nacionalista funcionaba.
Luego vino la soberbia desmesurada. Cuando Gran Bretaña consideró, razonable y previsiblemente, que la acción argentina era un acto de guerra, nuestros dirigentes militares y la mayoría de los argentinos se convencieron de que la ganaríamos. Tanto, que dejaron pasar varias ofertas de negociación que, en la situación actual, nos parecerían magníficas. Pero luego del balcón y de la plaza, era todo o nada.
Fue nada. Gran Bretaña, comandada por la señora Thatcher, se tomó la guerra en serio, organizó su flota, viajó, llegó y venció. Allí comenzó la fase paranoica. Los ingleses ganaban con trampas; no respetaban el fair play. Mandaron salvajes gurkas para combatir a gente civilizada como nosotros. Sus soldados tenían unos anteojos que les permitían mirar en la oscuridad. Quizá nos preguntamos por qué el árbitro no les sacaba una tarjeta amarilla. Con el crucero General Belgrano pensamos que nos correspondía un penal. Lo hundieron, pese a que no estaba participando en la batalla; para peor, con un submarino nuclear, sabiendo que nosotros no lo teníamos.
Tres décadas después se sigue repitiendo el argumento de que el crucero no era un blanco de guerra legítimo. Sin embargo, nuestros almirantes han reconocido lo evidente: el buque estaba en operaciones. Era viejo e inadecuado. No bastaba con retirarlo un poco de la línea: si preocupaba el riesgo de la nave y de sus tripulantes, debieron dejarlo en puerto. No lo hicieron porque, en realidad, estaba operando. O al menos, es razonable que el mando enemigo así lo pensara y en la duda dijera: "Tirad primero". Así es la guerra. Margaret Thatcher hizo lo que la mayoría de los responsables de una guerra habría hecho. Ni más ni menos.
Nuestro nacionalismo paranoico encuentra siempre culpables ajenos para explicar nuestros fracasos o errores. Pero los muertos del General Belgrano deben ponerse en la cuenta de los jefes militares irresponsables. También en la cuenta de los argentinos irresponsables que los alentaron. No tengo una opinión muy fundada sobre la anciana dama que acaba de morir. Más bien, no me gustaba. Pero sé que de ese pecado está exenta.
[Texto recuperado del matutino de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) La Nación, Miércoles 10.04.13]

[Margaret Thatcher (de soltera, Roberts); nació en Grantham, 13 de octubre de 1925; murió en Londres, 8 de abril de 2013. Política británica que ejerció como primer ministro del Reino Unido desde 1979 a 1990, siendo la persona que en ese cargo se desempeñó por mayor tiempo, durante el siglo 20 y la única mujer que ha ocupado ese puesto en su país.

Los obreros del puerto londinenses la amaban. Para ellos era “Tatcha”. Así, con “a” final. Quizá pase a la historia por haber derrotado a dos de las más SANGUINARIAS DICTADURAS del siglo 20:

a)  la dictadura comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que durante 70 años asesinó, torturó y violó a miles y miles de seres humanos y,

b)  la dictadura militar de la República Argentina (1976-1983) que en 7 años torturó, asesinó y robó a miles de mujeres y varones por desidia, placer o rencor.

Ni Margaret Tatcher ni sus hijos, Carol y Mark, querían un funeral de Estado, por considerarlo “inapropiado” y “un desperdicio de dinero”. La “Tatcha” era hija de un almacenero.] Notas del Editor

sábado, 6 de abril de 2013

EL TUERTO, EL GUERRILLERO Y LA TERCA


Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com

Trevor Burns, de 50 años, fue galardonado con la Estrella del Valor por actos de valentía en circunstancias de gran peligro al forcejear con el tiburón y rescatar a la víctima, la señorita Elyse Frankcom (de 19 años), en las costas frente al pueblo de Rockingham, en 2010.
El único premio australiano al valor civil más destacado es la Cruz del Valor.
La señorita Elyse Frankcom era una guía que mostraba delfines a una docena de turistas que estaban buceando, dentro de los cuales estaba Burns, cuando el tiburón le clavó los dientes en los muslos. Burns dijo que la muchacha estaba muy cerca de él, pero no podía verla por la profusión de sangre.
"Sólo quise que la dejara", recordó hoy el hombre, que se dedica a la asesoría de tecnología informática. "Supe que estaba en dificultades y que necesitaba ayuda", agregó.
Burns dijo que se aferró a la cola del tiburón durante varios segundos pese a los sacudones violentos del animal hasta que este dejó a la muchacha y se alejó.
La señorita Elyse Frankcom se estaba hundiendo hasta que Burns nadó hasta donde estaba la muchacha y la subió al bote de buceo, mientras otros turistas habían huido del lugar, nadando.
La mujer fue operada y recibió más de 200 puntos en las heridas de las piernas y ya está casi repuesta.
Burns, que vive en la ciudad de Brisbane y estaba de vacaciones con su esposa e hijos cuando ocurrió el incidente, dijo no estar seguro de poder repetir su acto heroico. "Me gustaría pensar que lo haría. Tengo una confianza razonable en que sería así", afirmó.
"Pero depende del momento; es una decisión que se presenta y uno lo hace o no", agregó.
Si bien ciento cincuenta y una personas recibieron premios a la valentía en la jornada de hoy, Burns ganó la única Estrella del Valor en el sistema de cuatro niveles y nadie obtuvo el máximo galardón
[¡Ah!, ninguno de ellos recibiría un premio al valor.]

miércoles, 3 de abril de 2013

Sat-Chit- Ananda


Por Elétor
hectorco@infovia.com.ar
(“Meditación: despertar el sentido para lo inútil”. Martín Heidegger)
En verdad somos proyectos. Por eso no concibo una vida asentada sobre el aburrimiento. El aburrimiento puede ser un camino transitorio para que vayamos descubriendo que la vida hay que vivirla. Sin ponerle algo de imaginación, un poco de pasión y energía a los sueños, en verdad, la vida no merece ser vivida. Por eso cuando me refiero a la meditación y alcanzar estados espirituales superiores no me estoy refiriendo a matar los sentidos ni tampoco a los placeres sino ubicarlos dentro de un contexto de unidad. Es verdad que nuestra educación fue y es fragmentaria. Nos concebimos como individuos totalmente cerrados y desconectados del todo. ¡No hablemos de nuestra subjetividad! Esa fragmentación o estado de alteración neurótica como dicen los psicoanalistas nos condicionan para percibir el sentido total y único que abarca a toda la existencia. Por eso tal vez debamos apelar (no se cómo llamarlas) a ¿técnicas?, ¿doctrinas? transformativas. Estamos inmerso en un mundo mediático de informaciones, estímulos de toda clase pero como algo separado de nosotros o como si todo ello le sucediera a otros o nos captamos  como meros muñecos manipulados desde un centro invisible e ingobernable. ¿Acaso, eso no es sin embargo la alienación más flagrante que nos pueda dominar?
Vivir alienados es abrir las puertas a un estado permanente de infelicidad.
En fin creo que hay que recuperar la unidad y empezar a trabajar para concretar aquellos deseos que son posibles de realizar y que de alguna manera gratificaran nuestro ego. Pero también hay que tener en cuenta que no todo termina allí. Siempre hay un poco más en nuestro estado de incompletitud y que es una categoría de la cual solamente podremos escapar cuando vislumbremos en nosotros y más allá de nosotros ese estado de conciencia pura y de unidad  que nos lleva al estado de Ananda.
Trabajar para trasvasarnos y captar el estado de conciencia: SAT -Chit- Ananda como decían nuestros hermanos hindúes y de otra manera nuestros místicos cristianos.
En fin, lo dicho debe ser tomado como un punto de vista y no como un proyecto de divulgación ideológica.  Lejos de mi, estar  queriendo convencer a alguien de lo que es pura experiencia.  Cada uno hace su experiencia. Siempre la experiencia es personal y punto.

sábado, 30 de marzo de 2013

LA CAPILLA DE NEWTON


Por Mario Ibarra (*)
 Dentro del campo donde me crié hay una pequeña iglesia donada por mis viejos. En ella sólo se da misa de vez en cuando, con un cura que viene del pueblo, de modo que no hay un cura permanente.
Cuando alguien es incorregible le dicen que es como la iglesia de Newton: “no tiene cura”.
La pequeña iglesia está bajo la advocación de San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles y del cual mi viejo era devoto.
Fue uno de los doce apóstoles. Se dice que era hermano de Jesús. 

[Newton es una pequeña estación ferroviaria, ubicada en el Partido de General Belgrano, en la Provincia de Buenos Aires (Argentina), situada a 40 km (aproximadamente) al “nord-oeste” de la ciudad de Las Flores. (Nota del editor)]

[Judas Tadeo fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios, Hechos de los Apóstoles), uno de los discípulos de Jesús de Nazaret, que formaba parte del grupo de «los doce» apóstoles. Se lo menciona en los Evangelios como «hermano de Jesús». También se lo llama simplemente «Tadeo», o «Judas de Santiago», aunque la identificación entre «Tadeo» (en los evangelios de Mateo y de Marcos) y «Judas de Santiago» (en el evangelio de Lucas y en los Hechos de los Apóstoles) es discutida por los especialistas. En todos los casos, parece existir la tendencia de acompañar el nombre de «Judas» con alguna especificación, quizá por la preocupación de los escritores de aquellos textos por diferenciar a Judas Tadeo de Judas Iscariote, el apóstol a quien se atribuye haber traicionado a Jesús.

El nombre «Judas» es una palabra hebrea que significa alabanzas sean dadas a Dios. «Tadeo», término proveniente del idioma arameo, significa el valiente, hombre de pecho robusto. También se le llamó «Lebbeo», que significa hombre de corazón tierno.

Junto con Simón el Cananeo, Judas Tadeo era uno de los apóstoles considerados como más judaizantes dentro del grupo de «los Doce». Según el evangelio de Juan, fue testigo privilegiado de la Última Cena, durante la cual tuvo una participación activa explícita. La tradición eclesiástica le atribuye la autoría de la epístola de Judas, punto también debatido por los biblistas.

La escasez de datos sobre Judas Tadeo y algunas identificaciones equívocas de su persona se vieron reflejadas en la variedad iconográfica que lo caracteriza. Se lo representó con una maza o un mazo, herramienta con la que -según la tradición católica- sufrió martirio (hasta el siglo XIV se lo personificó con frecuencia con alabarda o hacha, e incluso con espada). La «regla doblada» con la que también suele representárselo es una estilización del sable shamsir de origen persa, arma con la que asimismo se atribuye su decapitación. A menudo sus representaciones portan una imagen de Jesús, a veces con forma de medallón, en el pecho, en recuerdo de la leyenda según la cual este apóstol habría llevado el mandylion a la corte del rey Abgar V de Edesa, para sanarle. (En realidad, quien portaba el mandylion era Tadeo de Edesa, uno de los setenta y dos discípulos mencionados en Lucas 10:1-24, pero para cuando fue descubierto el error, la iconografía del medallón en el pecho de Judas Tadeo ya se había popularizado.) También se lo representa con una llama de fuego sobre su cabeza, significando su presencia en Pentecostés, y un rollo en representación de la epístola de Judas, uno de los libros canónicos, que la tradición eclesiástica tendió a atribuirle. En el simbolismo medieval, se consideró la piedra preciosa «crisoprasa» como atributo del apóstol Judas Tadeo.

Hoy en día, la tradición católica lo venera como el santo de las causas difíciles y desesperadas. Su festividad se celebra en la liturgia católica el 28 de octubre, aunque popularmente suele ser recordado el día 28 de cada mes. (Nota del editor, recuperado de Wikipedia)]

(*) Psicólogo jubilado, nostalgioso

lunes, 25 de marzo de 2013

LOS BALCONES CON ROPA COLGADA EN LA SOGA

Por Elétor
hectorco@infovia.com.ar
El ser humano es proclive a contar historias y a dar explicaciones sobre los acontecimientos que de algún modo llaman su atención. Según cuenta Aristóteles el asombro fue el impulso que lanzó al hombre a filosofar. La pregunta originaria fue “por qué es en general el ente y no más bien la nada”. El que alguna cosa tuviera existencia y se le manifestara como tal al ser humano causó tal conmoción, que se aventuró sin más por los caminos del pensar, tratando de encontrar una explicación última que diera razón del ser de todas las cosas. Por eso la filosofía es menesterosa con respecto por donde debe empezar, para iniciar el itinerario de remontarse a ese principio originario y cuales son los métodos que tiene a su alcance para alcanzar ese conocimiento último. Por eso la perplejidad siempre invade al que ha adoptado ese camino para discernir qué son las cosas. Pero ¿qué es una cosa? De una piedra decimos que es una cosa. El mismo rótulo de cosa le asignamos a un edificio, a un banco de la plaza y también podemos extenderlo “a los balcones y a la ropa colgada en la soga” que vemos circunstancialmente cuando elevamos la vista sobre un edificio y presuponemos que puede ser el inicio para comenzar a reflexionar sobre esa cosa que se nos aparece como un hecho. La persona que colgó esa ropa tal vez ni se le ocurrió pensar de la forma que lo está siendo el observador desde la calle. Tiene otro punto de vista. Uno es básicamente de carácter práctico. Esa ropa fue lavada y puesta en el balcón para asegurarse un secado más rápido. El otro responde a otras motivaciones y trata de dar razón o fundamento de un acontecimiento observable y manifiesto en la representación en su mente de ropa colgada. Como primera medida podrá considerar que ese evento es contingente, es decir que podría haber ocurrido o no y por lo tanto es producto de otros hechos que también son accidentales. No es relevante para el conocimiento que busca la verdad. La verdad tiene como objetivo el saber de las esencias de las cosas e igualmente establecerlo también en los cimientos científicos, que sería otro camino para establecer la verdad. No depende de las simples representaciones sensibles de las cosas que son cambiantes, sino que se elevan a un “más allá de lo sensible”. Esto quiere decir que poniendo la verdad en un mundo trascendente inmutable, que es perfecto, y que esos entes son eternos, adherimos sin cuestionar a una metafísica platónica del conocimiento, refutable desde otros puntos de vista filosóficos. Por eso tal vez convenga en esta resumida reflexión tener en cuenta lo dicho por Lao Tse “el ir más allá significa retornar”, recuperar por ese repatriarse a ese mundo inmediato y sensible, el equilibrio de la unidad de los opuestos que sólo puede transitarse en el pensar y no a través del pensamiento puramente lógico y especulativo. ¿Un experimentar el mundo sin supuestos? ¿Un acceso a través del pensar poético?
La pregunta queda abierta y los balcones con ropa colgada en la soga puede ser el inicio de una profunda reflexión que nos ponga en disposición anímica de trascender simplemente el acontecer de un pensamiento abstracto no pensado y de la del mirar meramente sin saber ver.

sábado, 23 de marzo de 2013

Aerolíneas Argentinas:¡argentina, carajo!

 

Por Telésforo

telesforoagarre@gmail.com

1) Los contribuyentes (plomeros, empleados municipales, entre otros) han destinado a la compañía desde julio de 2008 (cuando se estatizó) hasta febrero pasado la suma de 3566 millones de dólares americano. Ese monto alcanzaría para comprar más de tres American Airlines (1009 millones de dólares americanos) o algo más que una Air France (U$S 3200 millones).
2) En el primer bimestre de 2013, Aerolíneas Argentinas perdió U$S 118 millones, casi el doble que en el mismo lapso de 2012 (U$S 62 millones).
Cuando se estatizó, se esperaban  ganancias anuales desde 2013 por unos 30 millones de dólares americanos.
3) No obstante lo anterior, el presupuesto nacional establece que los contribuyentes (enfermeros, médicos, kiosqueros, entre otros) aportarán a Aerolíneas Argentinas U$S 574 millones, durante el 2013.
4) Según información interna de la empresa, el "personal no productivo" le hizo perder en 2012 unos U$S 46 millones.
La cifra equivale a dos hospitales como el materno infantil “Eva Perón” que la presidente Cristina Kirchner prevé inaugurar en mayo en Tucumán y que insumirá una inversión de $ 150 millones.
5) Aerolíneas Argentinas paga por los 20 aviones Embraer que compró: U$S 61 millones. El gasto en "personal no productivo" fueron U$S 123 millones en 2010 y 118 millones de dólares americanos en 2011; en 2012: 46 millones U$S.
6) En 2012, los contribuyentes (personal doméstico, empleados de comercio, bancarios y otros) aportaron U$S 898 millones para solventar las pérdidas de Aerolíneas Argentinas.
7) Un recorrido por cada ruta muestra claramente por dónde se va la mayor parte de los fondos. En el trayecto a Sydney, el subsidio que el contribuyente argentino (jubilados, cartoneros, plan trabajar) le da a cada pasajero es de U$S 1585. En los destinos a Madrid, Barcelona y Roma, de U$S 1013 por usuario. En los recorridos hacia Miami y México, U$S 623. En los regionales, U$S 286. En los de cabotaje, U$S 71.
 40 MILLONES DE CONTRIBUYENTES ARGENTINOS QUE CONSUMEN UN MÍSERO PEDAZO DE CARNE (10,5 % de IVA) O CAVIAR (21% de IVA) subsidian a 7 millones de pasajeros que vuelan anualmente por Aerolíneas y Austral.
[Fuente: Google Documents]